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El ceramófilo daimieleño Vicente Carranza recibe la Medalla al Mérito Cultural de Castilla-La Mancha


06 Julio 2017.
Se trata de un reconocimiento del Gobierno regional para personas e instituciones que, a través de la Cultura, "hacen que Castilla-La Mancha esté en el mundo". Estas medallas tienen como objetivo fomentar la cultura en su sentido más amplio, además de reconocer su difusión y conocimiento.

El presidente del Ejecutivo autonómico, Emiliano García-Page, entregó el lunes por la noche las Medallas al Mérito Cultural de Castilla-La Mancha, unos galardones que tienen como objetivo fomentar la cultura en su sentido más amplio, además de reconocer su difusión y conocimiento. En este acto de entrega, que tuvo lugar en el Museo de Santa Cruz de Toledo y en el que García-Page se acompañó del consejero de Educación, Cultura y Deportes, Ángel Felpeto. El Gobierno de Castilla-La Mancha ha premiado la capacidad cultural de las obras y las iniciativas, su representatividad hacia el exterior y la calidad de los trabajos.

Vicente Carranza Escudero, Medalla al Mérito Cultural Extraordinario, agradeció al Gobierno regional este premio, así como a todos los que “me han ayudado a cumplir este sueño, que no ha sido otro que divulgar la historia de la cerámica española repartida por todo el mundo para devolvérsela a la sociedad”.

 

PALABRAS DE AGRADECIMIENTO DEL SR. CARRANZA


Excelentísimos Sres. Presidente de Castilla La Mancha, Presidente de Las Cortes, Consejero de Educación Cultura y Deportes, autoridades de Toledo, al Pueblo de Daimiel y todos los premiados, señoras y señores,

Gracias, Presidente, por lo que hoy haces en beneficio de las Artes y la Cultura de nuestra tierra. En nuestra tierra. Por reconocer públicamente no sólo el don y el oficio del creador sino el mérito de quien, como yo, ha dedicado esfuerzo y tiempo a recoger testimonios del arte y de la artesanía, que ayudan a seguir indagando en los orígenes para alumbrarlos.

Nací en el año 1.928 a una legua del Guadiana –en el término municipal de la ciudad de Daimiel- y desaparecí muy pronto, emigrante hacia otras tierras, como desaparece él constantemente para regresar siempre a su cauce entre llanuras, juncos y masiega; para serpear siempre los dos, el río y yo, enfilando hacia las Tablas, donde anidan las aves que emigran, donde la Naturaleza creó un humedal para mitigar la sed de La Mancha, donde el corazón se hincha de calma contemplando la tierra desde la Isla del Pan.

Porque la belleza no habita sólo en el fondo de los océanos sino también en la superficie de la tierra, de nuestra tierra, que es la entraña que guarda el descanso eterno de nuestros ancestros. Las raíces.

Hoy es para mí el colofón de una vida entera consagrada a buscar, reunir y custodiar el arte más sencillo -¡tan grande por eso!- nacido de la madre tierra y trabajado en humildes pero hermosas cochuras. Mi amor por el barro –la sangre de esa tierra- y mi afición por el coleccionismo han ido encontrando razones y aliento cada vez para seguir adelante. Aunque no fue fácil. A más de medio siglo coleccionando piezas cerámicas sin más ayuda económica que la del patrimonio propio, siguieron años de perseverante insistencia en mi empeño de compartir los hallazgos con las gentes de mi tierra manchega. Sin éxito, sin que nadie prestara atención a mi oferta.

Fue el equipo de Cultura del gobierno presidido por José Bono en los albores de nuestro siglo XXI el que creyó en mi proyecto de divulgación de la “Colección Carranza” y le proporcionó noble alojamiento en este Museo de Santa Cruz -en inauguración solemne apadrinada por la Casa Real- y en el Museo Comarcal de Daimiel, potenciado por el Presidente Barreda. El Presidente García-Page y su equipo de Cultura culminan hoy el rito oficiando la ceremonia en el mismo templo y con igual fervor.

Tres presidentes para una sola historia de pasión por el barro vidriado, perseverancia, comprensión y sensibilidad coincidentes.

Hay piezas de la “Colección Carranza” que estuvieron ocultas durante siglos en alacenas y desvanes empolvados. Las rescaté del olvido para que salieran a la luz, y a la luz de vitrinas tuvieran su segunda oportunidad. Ése ha sido mi sueño: divulgar la historia de la cerámica española, repartida por diversos lugares del mundo, y devolvérsela al mundo mismo; mostrársela a la sociedad. Me siento feliz por ver realizado mi sueño en cuatro museos nacionales: Santa Cruz en Toledo, Museo Comarcal de Daimiel (Ciudad Real), Reales Alcázares y Centro cerámico de Triana, ambos en Sevilla. Gracias a quienes me habéis ayudado a alcanzarlo y a quienes saben disfrutarlo y apreciarlo. Es emocionante comprobar, en el último tramo ya de mi camino, que los pueblos son agradecidos. Virtud de los bien nacidos.

Aprendí, en mis estudios por libre en la universidad de la vida, que vivir no es sólo “saber ser” sino “saber estar”, trabajar sin descanso, morir de pie (como los árboles de Casona) para caer después sobre la tierra fértil de la que brotamos. Cumplir el ciclo. Y, mientras tanto, compartir el aprendizaje y los hallazgos por darles sentido y afán.

Para terminar, esta medalla que me concedéis, quiero y debo compartirla con mi familia. Ellos permitieron que invirtiera el patrimonio en cultura. Ella, sobre todo. Pepita. Mi compañera durante más de sesenta años, y más de cincuenta de coleccionismo recorriendo juntos España y parte del mundo.

Descubriendo juntos. Juntos aprendiendo. A ella le pertenece la mitad de la medalla. La otra mitad se la entrego yo para no tener que partirla.

Muchas felicidades a todos los premiados y mi agradecimiento, una vez mas, al Gobierno de la Comunidad de Castilla La Mancha con un recuerdo especial a la Consejería de Educación y Cultura por el trato exquisito y humano con el que he sido tratado siempre.
He dicho.

Vicente Carranza Escudero
 

 
 
 
 
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