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RETABLOS EN LA MEMORIA

El retablo de Santa Paula, obra de Niculoso Pisano
en 1504, en el Convento homónimo de Sevilla

 

FICHA 034: En el Convento de Santa Paula de Sevilla se encuentra una de las más importantes obras de la azulejería renacentista de todos los tiempos. Se trata de la portada que decoraran conjuntamente en el año 1504 el escultor Pedro Millán y el ceramista Francisco Niculoso Pisano.

Además, Niculoso Pisano ejecutó en ese mismo año un retablo de la Santa Titular del Convento para ser colocado sobre la puerta de acceso al compás. Lamentablemente, este retablo desapareció en septiembre de 1868 durante los disturbios revolucionarios acribillado a balazos.

El testimonio original que nos puede llevar a recordar su existencia y su valor artístico nos lo ofrece una vez más el ceramófilo, historiador y arqueólogo sevillano José Gestoso y Pérez (1852-1917), quien en su obra sobre los barros vidriados sevillanos nos relata:

Deteniéndonos ante la pequeña puerta que da ingreso al compás, adornada con sencillas molduras y baquetones de ladrillo agramilado, y en el sitio mismo en que actualmente vemos un modernísimo cuadro de azulejos de fabricación valenciana, existió hasta los días de la revolución de septiembre de 1868, una de las más interesantes obras de Francisco Niculoso, a la cual no sirvió por cierto aquella cualidad para salvarse de los estragos que entonces sufrieron nuestros monumentos, porque fue destruida a balazos, en nombre del progreso.

Afortunadamente, podemos ofrecer a los curiosos detallada descripción de ésta página de la pintura cerámica, que no debemos, por cierto, a los naturales, sino a los extranjeros. He aquí como se expresa, hablando de ella el Barón Davillier: “Encima de la puerta de ingreso de ojiva en forma rebajada… se ve rodeado de una ancha bordura de ladrillos de dos colores; un cuadro formado de azulejos que mide aproximadamente 1.60 de ancho por dos de altura. La Santa (Paula) nimbada y vestida de amplia capa, está representada (de pie) teniendo un libro entre las manos, bajo un elegante pórtico, en el fondo del cual se elevan cuatro cipreses: a ambos lados se lee la inscripción “Santa Paula”: a sus pies vense en un escusón las armas de Portugal, las de España y las de la fundadora (entiéndase, edificadora). A cada lado hállanse elegantes borduras, adornadas de trofeos, tan frecuentemente repetidos después sobre las lozas italiana, como cascos, escudos, corazas y otros instrumentos guerreros, atados entre sí por elegantes lazos de cintas. En el centro de cartuchos (tarjetas) a derecha e izquierda, se lee el año así figurado, 15.4 (un punto reemplazando al cero).(1)

Esta breve descripción puede completarse con la que consigna otro escritor, copiándola del ceramófilo Mr. Arosa, la cual, por sí sola nos confundiría, pero, con la ya transcrita de Davillier, nos ilustrará muy especialmente con respecto a los colores: “En el Convento de Santa Paula, en la puerta de entrada (vemos a esta Santa que figura estar) en una especia de patio, solado de azulejos violetas y blancos, los muros están guarnecidos de azulejos blancos con trazos azules. Vense allí representados cuatro árboles verdes puntiagudos, semejantes a los de las cajas de juguetes de Nuremberg, y a la Santa Paula, encuadrada por dos columnas verdes que sostienen un arco de medio punto, cuyos pedestales son amarillos. El resto del cuadro que rodea todo, está adornado de quimeras, tambores, estandartes romanos y cascos, y en oscuro, igualmente pintados, sobre fondo amarillo.(2)

1. Gazzette des Meaux Arts. Tom XIII. Año 1865, págs 117 y siguientes
2. Demmin. Guide de l´amateur de faiences. Etc. pág. 280.

 
Bibliografía: Gestoso y Pérez, José. Historia de los Barros Vidriados. Sevilla, 1903. p 198-199

 
 
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