Presentación   Glosario   Textos   Autores   Índices   Noticias   Colaborar   S O S   Otros   Mapa Web  
.
 

LA ICONOGRAFÍA DE LOS SANTOS EN LOS RETABLOS CERÁMICOS

Alfredo García Portillo

 
LA SANTA VERA CRUZ

Se trata de uno de los temas predilectos de la religiosidad popular y de las cofradías laicas franciscanas. Procedente de fuentes hagiográficas medievales, fue codificada en el siglo XIII por Jacobo de la Vorágine en la Leyenda Áurea.


ANTECEDENTES, LA CRUZ COMO SUPLICIO:
 
La idea de la cruz como suplicio parece derivar de Oriente, según se desprende de las referencia que hace Platón en "La República". En principio era solo un poste afianzado en el suelo y al que se ataba a la persona que iba a ser objeto de tormento, generalmente un reo acusado de algún execrable crimen al que se le privaba de alimento y de agua, hasta que moría de hambre y de sed.
 
La crueldad humana, que puede llegar a no tener límites, hizo que se refinase el martirio y que se ideasen varios tipos de cruces, la cruz bífida o con forma de Y, o la cruz decussata o en forma de X, en ambas además de lo expuesto con anterioridad, el reo de muerte era atado con sus miembros separados.
 
Desde Oriente se extiende la tortura de la muerte en la cruz a Grecia y a Roma, en ambos sitios se aplica a los salteadores, si bien se conocen históricamente algunos casos distintos como por ejemplo el de Dionisio de Siracusa que ordena la crucifixión de unos griegos aliados de los cartagineses.
 
En Roma no se podía aplicar a los ciudadanos romanos, salvo a los de la más baja extracción social y se practicaba sobre los esclavos acusados de determinados crímenes. Los hebreos no utilizaban la pena de muerte en la cruz, pero tras la ocupación romana, se comenzó a aplicar a los peores malhechores. En ocasiones fuera de la puerta Esquilita, donde se encontraba el lugar del suplicio, llamado sessorium, un auténtico bosque de cruces se erguía y era frecuentado por toda clase de aves de rapiña. La cruz era siempre del tamaño que tenia la persona que iba a ser crucificada y solo en situaciones excepcionales se procedía a utilizar cruces de mayor tamaño.
 
En la primera mitad del siglo IV, el emperador Constantino abolió la pena de muerte en la cruz, en memoria de la pasión de Jesucristo.
 
LA VERA CRUZ O VERDADERA CRUZ, LEYENDA E HISTORIA:
 
Para comprender verdaderamente la leyenda de la Vera Cruz, es necesario atender a una serie de relatos que se articulan a través de los tiempos:
 
La muerte de Adán: Adán, que ha llegado a la edad de novecientos treinta años, está próximo a morir y ruega a su hijo Seth que vaya ante el arcángel San Miguel y le pida "el óleo de la misericordia", el arcángel se lo niega y en su lugar le da las semillas del árbol del pecado, que debe depositar en la boca de Adán. Seth a la muerte de su padre, deposita los granos bajo su lengua. De allí nacerá el árbol de la Vera Cruz.
 
La adoración del madero sagrado y el encuentro de Salomón con la reina de Saba: El árbol nacido sobre la tumba de Adán, ha llegado hasta los tiempos de Salomón, el rey ordena que sea cortado, pero su madera no se acomoda a ningún empleo, resultando siempre o demasiado grande o demasiado pequeña, los artesanos airados deciden colocar la madera en un lugar donde hay un estanque llamado Siloé, para que sirva de puentecillo a los viandantes.
 
La reina de Saba, tiene una visión y realiza entonces una profecía indicando que sobre ese madero se crucificará al Redentor, se niega a pisarlo y se postra a orar ante él. Inmediatamente tiene lugar el encuentro con Salomón.  
 
El traslado del sagrado madero: Salomón hace enterrar al madero en las entrañas más profundas de la tierra al enterarse por la reina de Saba, pues ve en ello la desaparición del reino de Israel.
 
El tiempo transcurre y el madero es encontrado siendo utilizado tal y como la reina de Saba predijo para la crucifixión de Cristo.
 
Debemos avanzar más de 300 años y nos situamos en la época del emperador Constantino.  Éste  padecía lepra en un grado elevado y sus médicos le indicaron que para sanar debía bañarse con la sangre de varios niños, para lo que tenía en su palacio 30, pero Constantino compadecido de los lamentos de sus madres y de los propios niños, decide no seguir el consejo de los médicos y reparte una gran cantidad de dinero entre las madres, mandándolas ir. A la noche siguiente tuvo un sueño en el que San Pablo y San Pedro le indican que vaya a buscar a San Silvestre al monte Sorait. Llegado San Silvestre procede a lavarlo y la lepra desaparece. En 313, se encuentra en guerra contra el emperador Majencio. Constantino está desolado por el número tan alto de soldados que poseen las fuerzas contrarias. En vísperas del combate tiene un sueño en el que un ángel lo despierta y le indica que mire hacia el cielo, al hacerlo, observa una cruz hecha con luz y encima escrito con letras de oro: "In hoc signo vinces" ("Con esta señal serás vencedor").
 
Constantino se encuentra seguro de la victoria tras la visión nocturna y se dibuja en la frente el signo de la cruz que había visto en el cielo, transforma sus banderas de combate en cruces y él mismo porta en su mano derecha una cruz de oro. Después de implorar a Dios se lanza al combate y vence a Majencio en la batalla de Puente Milvio, en la que el propio Majencio se hunde en el río.
 
Después del concilio de Nicea (325 d.c.), Santa Elena ya de edad muy avanzada, marcha a Jerusalén, decidida a encontrar la cruz en la que Cristo fue crucificado. Una vez allí reúne a los hebreos y estos le dicen que el lugar exacto solo lo conoce un individuo de nombre Giuda (Judas), pero éste se niega a revelarlo.
 
Mandó entonces que fuera arrojado a un pozo seco y allí fuera atormentado por el hambre. Pasó así seis días y al séptimo pidió ser sacado y mostró el lugar donde se encontraba la cruz.
 
La lectura del texto de la leyenda dorada prosigue diciendo: “En el lugar indicado por Judas emana tal aroma de especias que el hebreo se convierte, participando francamente en el hallazgo. Tras haber excavado por espacio de veinte pasos, las cruces ocultas vuelven a la luz y son presentadas a Santa Elena, ésta no sabiendo distinguir la cruz de Cristo de las de los ladrones, las puso en medio de la ciudad, esperando allí la gloria del señor. Y a la hora tertia, cuando llevaban a un joven a enterrar, Judas paró la comitiva y colocó las dos primeras cruces sobre la cabeza del muerto, pero no obtuvo resultado, pero cuando puso la tercera cruz, el muerto volvió a la vida.”
 
La cruz se divide en tres trozos, el primero se envía a la Iglesia de la Santa Cruz de Roma, el segundo a Constantinopla y el tercero permanecerá en Jerusalén.
  
En el año 615, el rey persa Cosroe, roba el trozo de Jerusalén y lo lleva junto a él para ponerlo como triunfo en su trono, de manera que sentándose en él como Padre Eterno tuviera a la derecha el madero de la cruz en lugar del hijo y a la izquierda el gallo en vez del Espíritu Santo.
 
El emperador Heraclio atacó a las tropas de Cosroe junto al Danubio y Cosroe fue derrotado. Heraclio, le propone hacerse cristiano, pero éste rehúsa. El emperador le corta entonces la cabeza.
 
Vuelve Heraclio a Jerusalén, con todo su séquito y con todos los honores pero, en el momento de entrar en la ciudad, las piedras de la puerta caen "soldándose entre sí como una pared". Un ángel le recuerda que Jesús entró humildemente, sobre un asno. El emperador bañado en lágrimas, se despoja de sus zapatos y sus vestidos hasta la camisa y tomando la cruz, la lleva humildemente hasta la puerta , logrando entrar solo de esa forma. 
 
Santa Elena, propiciará el culto a la verdadera cruz. Vivió durante los siglos III y IV de nuestra era, casó con Constancio Cloro, el cuál en el año 292 fue admitido con el título de César junto a Diocleciano, Maximiano Hercúleo y Maximiano, como máximo representante del imperio. A instancias de los otros tres césares repudió a su mujer y se casó con la hijastra de Maximiano, Teodora. Pero en 306 a la muerte de Constancio Cloro, fue nombrado emperador Constantino, hijo de Santa Elena, éste la llamó a la Corte y le dio el título de Augusta.
  
Grandes ciclos se han dedicado en el arte a la Vera Cruz, siendo los más conocidos los de Agnolo Gaddi en la basílica de Santa Croce de Florencia y Piero Della Francesca en San Francisco en Asís. En España, Francisco de Herrera pinta 12 lienzos para la Cofradía sevillana de la Vera Cruz reflejando el tema.
 
Las primitivas cofradías de la Vera cruz, instituidas como cofradías de disciplina y sangre, se extienden por todo el orbe y rinden culto a reliquias de la Cruz (Lignum Crucis), siendo sus titulares generalmente imágenes de crucificados como podemos observar en los retablos cerámicos (VER). Otras devociones franciscanas como la Santa Cena, la Oración del Huerto e incluso la cruz del Santo Sudario fueron añadidas en ocasiones a estas hermandades. La cruz en muchas ocasiones arbórea hace alusión al árbol de la Vera Cruz, que como hemos visto nace sobre el cadáver de Adán el primer hombre.

A mi compañero ceramófilo Javier Quiñones García, a quien la Vera Cruz le tocó de cerca y sintió la necesidad de ser crucero.

 Alfredo García Portillo. Septiembre 2008