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LA ICONOGRAFÍA DE LOS SANTOS EN LOS RETABLOS CERÁMICOS

Alfredo García Portillo

 
SANTA ROSALÍA

Conocida también como Rosa de Palermo, nació en Sicilia en el siglo XII, era de una familia de linaje de rancio abolengo, su biógrafo Octavio Cayetano la hace descendiente de Carlomagno. Su padre fue Sinibaldo señor de Quisquina, que es como se conocía en la zona al antiguo monte de las Rosas, junto al actual pueblo de San Esteban. También fue según algunos, sobrina de Guillermo II de Sicilia.

Se distinguió por su vida de eremita y tanto los mojes agustinos como los basilios y los benedictinos se disputan la pertenencia a su orden.

Sería en el siglo XVII, concretamente en 1624, cuando se encontraría una cueva en la que reposaban sus restos, el descubrimiento tuvo lugar en Monte Peregrino durante una epidemia de peste que asolaba la región. A su lado una inscripción en latín rezaba así: “Aquí yace Rosalía Sinibaldo, hija de las rosas del señor, que vivió en esta gruta de Quisquina por amor a Dios y a Jesús”.

Al cesar la epidemia por su supuesta intervención, el hecho se consideró un milagro. Murió hacia 1160.

Fue en 1627 cuando los jesuitas introdujeron su culto en Roma, como el culto a la Vergine Palermitana, tras transportar una de sus reliquias a la iglesia de Saint Louis en París, lo extendieron por Francia y luego fue trasladado también a los Países Bajos católicos.

La pieza cerámica 0839 (VER), ubicada en la localidad sevillana de Ginés, nos la muestra con el hábito de las agustinas y coronada con una diadema de rosas, lo que deriva de la iconografía de los pintores italianos y flamencos del siglo XVII, que la representaban recibiendo una corona de rosas de manos del Niño Jesús. Símbolo de su ascetismo y penitencia es el crucifijo que lleva en sus manos.

Por su parte la pieza 0013 (VER)  del convento de Santa Rosalía en Sevilla, le añade el símbolo de la azucena en su regazo que refleja su virginal pureza.

Alfredo García Portillo. Febrero 2009