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LA ICONOGRAFÍA DE LOS SANTOS EN LOS RETABLOS CERÁMICOS

Alfredo García Portillo

 
SANTA LUCÍA

Lucía nació en Siracusa en el siglo II, ya por aquél entonces santa Águeda gozaba de gran veneración en la zona y acudió conjuntamente con su madre a su sepulcro, llegada allí pidió fervorosamente que las frecuentes hemorragias que tenía su madre cesaran y así fue. Pidió entonces Lucía dos cosas a su madre, que le diese los bienes que heredaría para repartirlos a los pobres y que no la diese a nadie en matrimonio. A su vuelta a casa comenzaron a vender diariamente una pequeña parte de su patrimonio y el dinero obtenido lo entregaban secretamente a los pobres, pero como ya Lucía antes había sido prometida a un joven, éste al pensar que la fortuna estaba siendo dilapidada la denunció al cónsul que la llamó a su presencia.

Interpelada por Pascassio, así se llamaba el cónsul, ella indicó que había repartido su fortuna socorriendo a los pobres en sus necesidades y que como ya no le quedaba dinero para ello quería honrar a Dios consagrando a Él su persona. El cónsul la acusó de socorrer a corruptores del imperio y la amenazó con varios suplicios, como quiera que Lucía continuaba inalterable en su voluntad, indicó a unos rufianes que la llevasen a un lugar público y allí le infringiesen todo tipo de aflicciones hasta su muerte.

Fueron varios los que acudieron para llevársela, pero fue imposible moverla del lugar en que se encontraba. Ordenó entonces el cónsul que se la amarrase con cuerdas y que tirasen de ellas cuantos hombres fueran necesarios para moverla de aquel sitio. Todo fue en vano. Indicó entonces que fueran bueyes los que tiraran de las cuerdas, pero tampoco lograron moverla. Llamó entonces a unos magos que a través de encantamientos intentaron trasladarla de aquel lugar, pero todo fue inútil.

Pascassio, lleno de cólera pidió que fuese rociada con orines pues existía la creencia de que estos deshacían los encantamientos, así se ejecutaron sus órdenes, pero Lucía siguió inmóvil. A continuación, intentó quemarla viva, pero ello no fue posible, todo se quemó a su alrededor y ella permaneció impasible.

Un amigo del cónsul se dirigió entonces hacia Lucía y clavó su espada en su garganta. Cuenta la tradición que Lucía permaneció viva e inmóvil hasta que recibió la comunión. La muerte de Santa Lucía tuvo lugar hacia el año 310 de nuestra era.

Hasta aquí lo que nos narra la Leyenda Dorada. Otra tradición nos indica una tortura que sufrió la santa: le sacaron los ojos y ella volvió a ponérselos. Esta creencia popular será decisiva como veremos en la interpretación iconográfica de Santa Lucía, siendo considerada patrona de oculistas y electricistas e invocada contra las afecciones de los ojos.

Representación en los retablos:

En el retablo 0181 (VER), nos encontramos a la Santa en pie, tal y como se supone que intentaron moverla hombres, animales y magos sin conseguirlo, con una espada en su mano derecha, la espada causante de su muerte, así mismo lleva la palma, atributo común de los mártires que simboliza la consecución de la vida eterna. En la mano izquierda lleva una bandeja en la que se encuentran unos ojos, los que según la tradición fueron arrancados a la Santa. La aureola identifica su santidad.

Alfredo García Portillo. Junio 2008