Presentación   Glosario   Textos   Autores   Índices   Noticias   Colaborar   S O S   Otros   Mapa Web  
.
 
 

"Para conocer algo humano, personal o colectivo, es preciso contar con la historia"
                                                                                                               (Ortega y Gasset)

HISTORIA DEL RETABLO CERÁMICO

Martín Carlos Palomo García

 

Introducción

La cerámica en los retablos
El esplendor del retablo cerámico
Morfología y estructura de un retablo cerámico
Temática representada en los retablos cerámicos devocionales
Valor historiográfico del retablo cerámico
 
 
 
 
 

 

 

Introducción

Nos dice el diccionario sobre la palabra retablo: “Obra de arquitectura, hecha en piedra, madera o cualquier otro material, que compone la decoración de un altar”. Esta definición es bastante general, pero nos ayuda a acercarnos al eje principal sobre el que giran los contenidos de esta página web. En una aproximación, los retablos se asemejan a altares, que como norma general están en el interior de recintos sagrados, como son las iglesias, conventos y capillas. Pero a lo largo de la historia existió un momento en el que los retablos salieron al exterior de los muros de los edificios religiosos, como medio de propagación de la Fe, de sacralización del espacio público. En el caso de España, y más concretamente de Andalucía, donde nace esta página, la geografía urbana de nuestros pueblos y ciudades se fue adornando sobre todo a partir del siglo XVI de cruces públicas, triunfos y retablos en madera, pintados o con esculturas. Era una de las respuestas de la iglesia católica a la Reforma, para propagar la doctrina emanada del Concilio de Trento.

 

Al menos desde el siglo XVIII estas obras de instalación mural recibieron el nombre popular de retablos, con independencia de que su arquitectura fuera tridimensional y rica en ornamentación o simplemente estuviera constituido por un panel liso. Su origen es puramente devocional pero el aspecto estético y el exorno van a jugar un papel determinante, pues así lo siente el pueblo que va a rendir culto a la representación religiosa del misterio, imagen o pasaje bíblico. Incluso se fundarán Hermandades, llamadas de Retablo, ante los cuales se realizarán funciones litúrgicas en su honor e incluso llegarán a procesionar en ocasiones.

El siglo XIX es nefasto para este fenómeno tan arraigado en nuestra expresión pública de la religiosidad popular. Por un lado, mediado ese siglo, la retirada de retablos es obligada por las reformas urbanísticas y el proceso desamortizador de los bienes eclesiásticos. Poco más tarde, en el bienio 1868-1869 por los aconteceres políticos contrarios a la Iglesia, en el que se mandaron retirar los símbolos religiosos de la vía pública al interior de los templos o a las casas de los devotos. De igual forma, las Hermandades y Cofradías, que en su mayoría daban sostén a los retablos públicos, vieron mermada su actividad a lo largo del siglo XIX llegando algunas a la extinción.

En las primeras décadas del siglo XX asistimos al fenómeno contrario, a la recuperación de las Hermandades, a la proliferación de cofradías reorganizadas o de nueva fundación y a un Estado que en determinados periodos caminó íntimamente unido a los ideales y a las manifestaciones religiosas de la Iglesia Católica. De ese esplendor derivó el florecimiento de estas corporaciones a partir de la segunda mitad del siglo XX y su continuidad hasta nuestros días, por el gran calado devocional, cultual, cultural y artístico que tienen entre la sociedad, a pesar de que en muchas ocasiones se pretenda relegar por algunos a segundo plano el sentimiento religioso para destacar los valores estéticos y folclóricos.

 

 

La cerámica en los retablos

Llegados a este punto, es preciso remontarse a la milenaria  tradición alfarera y ceramista de nuestra tierra. Desde tiempos remotos sus antiguos pobladores aprovecharon la calidad de sus barros para elaborar los utensilios domésticos que hicieran más fácil su vida. Posteriormente otros pueblos que poblaron Andalucía aplicaron la cerámica a la decoración, como ocurrió con los árabes, que trajeron un amplio bagaje de conocimientos desde Oriente, introdujeron el color, las formas geométricas en sus alicatados y la depuración de la técnica y del manejo del horno.

Pero no fue hasta finales del siglo XV, cuando un pintor de cerámica genovés que pisó el valle del Guadalquivir, de nombre Francisco Niculoso Pisano, atraído por el emporio que el descubrimiento del Nuevo Mundo iba a suponer para el sur de España, introdujo una faceta clave a la hora de ejecutar piezas en cerámica. En los alfares de Triana, la más importante collación de Sevilla, a orillas del Guadalquivir, se atrevió a pintar sobre un panel de azulejos “en blanco”, sin cocer, como si de un lienzo al óleo se tratara, aplicando los esmaltes de diferentes colores a la escena representada que luego, una vez cocida en el horno, nos brindaba un nuevo modo de expresión artística que lo mismo serviría para un desarrollo ornamental de un edificio que para representar una escena religiosa o profana. En relación al tema que nos ocupa, podemos afirmar que en esta zona del sur de España nació el retablo cerámico. La primera obra conocida de Niculoso Pisano es la Lauda sepulcral de Iñigo López en la iglesia de Señora Santa Ana, en Triana (1503) y el retablo de la Visitación de Nuestra Señora de los Reales Alcázares de Sevilla (1504).

 

De forma inmediata, esta nueva forma de pintar los azulejos se difundió a otros centros productivos de cerámica de la península, en primer lugar a Talavera y posteriormente a la zona de Levante, Cataluña y Aragón, donde llegaron a alcanzar su desarrollo propio a los largo de los siglos. Pero fue en Sevilla y su zona de influencia donde el fenómeno del retablo cerámico adquiriría unos matices especiales. Su crecimiento a los largo de los siglos XVI, XVII y XVIII es paralelo al de instalación de retablos públicos realizados en otros materiales. En el siglo XIX, como antes se expuso, se produce una regresión tanto en la existencia de retablos públicos como en la actividad cerámica, que salvo excepciones vivió una etapa de decadencia desde mediados de este siglo y hasta casi su finalización.

Pero no hay mal que cien años dure, y gracias a un erudito historiador y eminente sevillano, D. José Gestoso y Pérez, la cerámica trianera resurgió de sus cenizas y gracias al esfuerzo de industriales y artesanos de los barros vidriados volvió a ocupar el lugar preeminente que nunca debió perder. Proliferan en los albores del siglo XX en la vega de Triana fábricas y talleres que se afanan en producir cerámica decorativa y religiosa no sólo para  Andalucía y España, sino la que atravesando el océano Atlántico llega a Hispanoamérica. Son los años previos a la Exposición Iberoamericana de 1929,  el evento aglutina la construcción de nuevos edificios y la ciudad se prepara para recibir la visita de cientos de miles de personas que deben llevarse una grata impresión de nuestro país.

 

 

 

El esplendor del retablo cerámico

Si unimos lo anterior al resurgir a lo largo del siglo XX de la vida corporativa de las Hermandades y Cofradías no sólo de Sevilla, sino de todos los rincones de Andalucía, encontraremos las claves del fenómeno artístico y religioso que supone la instalación de retablos cerámicos promovidos en la mayoría de las ocasiones por las Hermandades, sean Sacramentales, de Penitencia o de Gloria, así como de su propagación como si de una onda expansiva se tratara por todos los rincones de las ciudades y pueblos, no sólo en edificios religiosos, sino en calles, plazas, casas particulares, pisos, terrazas, lugares de trabajo y comercios, en lo que el profesor Palomero Páramo no duda en calificar como la “ciudad cofradía”.

La cerámica triunfa como material base de los retablos, por sus características que la hacen inigualable: resistencia a los factores atmosféricos, perdurabilidad del colorido, bajo mantenimiento, fácil limpieza y variedad de recursos decorativos.

Hay una diferencia fundamental en este retablo cerámico de tema religioso del siglo XX con el de épocas anteriores. En el retablo cerámico devocional de este siglo la imagen representada es copia fiel de la escultura o pintura que se venera en el interior de la iglesia en cuya fachada está adosado, o en el caso de que sea el titular de una Hermandad perteneciente a un hermano de la corporación o a un devoto, la calidad del retablo vendrá dada por la fidelidad con la que el ceramista ha reflejado a la imagen en cuestión. Esto sólo puede hacerse cuando el artista dispone en su taller de un modelo claro, fiable y exacto de la imagen representada, y esto sólo puede alcanzarse con una buena fotografía, otro adelanto propio del siglo pasado.

El retablo cerámico devocional cumple la función de recordatorio al viandante cuando el templo donde se venera la imagen esté cerrado, ejerce una función sacralizadora del espacio público, y en la mayoría de las veces tiene en su base un limosnero para sufragar los gastos de la Hermandad. En otras ocasiones, un retablo cerámico puede adornarse de forma efímera para presidir un altar conmemorativo de alguna fiesta de la Hermandad, y hasta en el pasado, cuando por razones de inseguridad algunas cofradías decidieron no salir a la calle en Semana Santa, fueron el centro de atención de los expectantes fieles allí congregados e incluso llegaron a cantarles saetas en el momento en que la cofradía decide no efectuar su estación de penitencia.

En otras ocasiones los retablos cerámicos se colocarán en lugares emblemáticos de tránsito de alguna cofradía, o con instituciones relacionadas, aprovechando en la mayoría de los casos los Centenarios o Aniversarios fundacionales, organizándose con solemnidad el acto de bendición, en los que además suele invitarse a las autoridades de máximo nivel y por lo general a una banda de cornetas y tambores o de música.

A final de la década de 1960 parecía que la nueva sociedad industrializada que florecía en nuestro país podía acabar con la labor artesanal de la azulejería y la cerámica para dejar paso a los alicatados en serie. En efecto casi lo consigue, pues aunque algunos de los ceramistas de la vieja escuela se llevaron a la tumba los secretos del oficio, a mediados de la década de 1980 asistimos a un nuevo resurgir de la cerámica pintada a mano, de la ejecución de nuevos retablos devocionales y a un buen número de artistas que no sólo de forma autodidacta sino lo que es más importante, con formación académica, nos hacen mirar el futuro de nuestros barros vidriados con optimismo. No hay más que constatar la cantidad de nuevos retablos que se están colocando en los espacios públicos de nuestros pueblos y ciudades en la actualidad.

 

 

 

Morfología y estructura de un retablo cerámico

Podemos distinguir desde los de ejecución más simple, consistentes en  un panel de azulejos sencillos a partir de 12 piezas (aunque los hay de tres e incluso de una) orlados por un verduguillo o guardapolvo, que solemos encontrar en viviendas particulares, hasta dispositivos arquitectónicos complejos, de gran formato, con figuras moldeadas e incluso esculturas, cubiertos por tejaroz y dotados de iluminación, que son los que encontramos por lo general adosados a la fachada de los templos.

Respecto a la técnica pictórica, suele utilizarse la pintura del azulejo plano polícromo, por el método de “al agua” o “al aguarrás”, aunque también es frecuente la utilización de la técnica de “cuerda seca”  e incluso en contadas ocasiones la introducción de azulejos de arista en los marcos.

La forma del retablo cerámico predominante es la rectangular en vertical, aunque también los hay en horizontal, circulares, con perfiles irregulares a base de azulejos recortados, rematados por arcos de medio punto.  Algunos presentan un marco arquitectónico para realzar la hornacina donde se plasma la imagen devocional, que puede estar realizado completamente en cerámica, o bien puede hacerse de ladrillo tallado, molduras de escayola, cemento o piedra o bien un marco de cerrajería artística. El estilo artístico que predomina es el neobarroco.

Como antes mencionamos, los de mayor tamaño suelen cubrirse por un tejaroz que puede ser de tipo marquesina, a dos o a tres aguas, con tejas de colores que aportan vistosidad al conjunto.  La iluminación puede ser con faroles suspendidos del tejaroz, adosados a la pared o bien con cirios rematados por luz eléctrica.

En algunos casos existe un exorno floral del retablo cerámico, a costa de sus devotos, pudiendo observarse sobre un balconcillo floreros que algún devoto vecino se encarga de renovar para que siempre estén en perfecto estado, bien de flor natural o artificial.

En los últimos tiempos hemos tenido que asistir lamentablemente a la agresión física a estas obras de arte religioso. A veces por efecto del vandalismo, gamberrismo o una malsana diversión son lanzados objetos (piedras, botellas, vasos) a los retablos cerámicos que en ocasiones han fracturado sus piezas, debiendo disponerse un cristal de seguridad o una lámina de metacrilato que lo preserve de tal circunstancia.

 

 

Temática representada en los retablos cerámicos devocionales.

Por la diversidad de imágenes y temas representados en los retablos cerámicos que se recogen en  esta página WEB, es conveniente sistematizarlos para su mejor estudio y comprensión.  

1.- Retablos de Jesucristo
Sobre el Nacimiento y la Infancia de Jesús.
Retablos Sacramentales (Eucarísticos).
Sobre la Pasión y Muerte de Jesús.
Sobre la Resurrección de Jesús.
Otras representaciones de Jesús (Sagrado Corazón, Santísima Trinidad).
 
2.- Retablos de la Virgen María.
Retablos sobre la vida de María (Anunciación, Asunción, Inmaculada).
Retablos de María con Jesús Niño.
Retablos de María Gloriosa o Gozosa (Letíficos), sola o acompañada.
Retablos de María Dolorosa, sola o acompañada por personajes del Evangelio.
Otras representaciones de María (Inmaculado Corazón).
 
3.- Retablos Hagiográficos (Historia de la vida de los Santos).
Erigidos a Santos/ Santas.
Erigidos a Beatos/ Beatas.
 
4.- Retablos de Ánimas Benditas del Purgatorio.
Exclusivos de Ánimas.
Con Imágenes Triunfantes o Intercesoras.
 
5.- Retablos mixtos
De Jesús y María sólos.
De Jesús, María y otros personajes bíblicos.
De Jesús y/o María como intercesores de las Animas del Purgatorio.
De Jesús y/o María con Santos/ Santas o Beatos/Beatas.
 
6.- Retablos a la Santa Cruz.
 
7.- Retablos alegóricos.
Virtudes Teologales

 

 

 

Valor historiográfico del retablo cerámico

Hay algunos que encierran no sólo el valor artístico inherente al ceramista de prestigio que lo pintó o la famosa fábrica donde se ejecutó, sino que quedan como testimonio vivo de la historia de la Corporación a la que pertenece. En algunas ocasiones porque la imagen representada ya no es titular de la hermandad, por sustitución de su escultura. Otras veces porque ya no reside en ese templo donde permaneció por siglos y ahora dispone de capilla propia o radica en otro lugar.

A veces la observación de la vestimenta de la imagen, sobre todo en las Vírgenes, nos transportan a épocas pasadas, en que solían ataviarse de otro modo o incluso con prendas (mantos, sayas, tocas, etc...) o preseas (coronas, puñales, ráfagas, etc...) que ya no son propiedad de la Hermandad. Incluso la heráldica representada, principalmente los escudos, han cambiado o se han modificado con el paso de los años, y por último, el tratamiento de los fondos tras las imágenes, que pueden incorporar paisajes idealizados o emparentados con la advocación. En fin, una variedad de matices que hacen de cada retablo cerámico una obra única e irrepetible, que atraen nuestra atención y que por su singularidad creemos que merecían un estudio y divulgación de la que esta página WEB es muestra de ello.

Sea nuestro último recuerdo para aquellas personas, los ceramistas, que a lo largo de los siglos perpetuaron su oficio de generación en generación para legarnos un patrimonio artístico y devocional que es santo y seña de nuestra tierra: “Oficio noble y bizarro, entre todos el primero, pues que en la industria del barro, Dios fue el primer alfarero, y el hombre el primer cacharro”.

               

El autor de estos breves apuntes históricos sobre la Historia del Retablo Cerámico lleva estudiando la cerámica cofradiera de la ciudad de Sevilla desde 1985, escribiendo desde entonces artículos de divulgación sobre esta temática  así como la biografía de los pintores ceramistas, que han sido publicados principalmente en el Boletín de las Cofradías de Sevilla, Boletines de Hermandades, la Revista Triana y en obras monográficas sobre Hermandades y Cofradías.

 

Bibliografía básica consultada para este artículo:

-

Carrasco Bernal, Antonio. Antonio Kiernam Flores, su obra y Triana. Sevilla, 2002.

-

Fernández de Paz, Eva. Religiosidad popular sevillana a través de los retablos de culto callejero. Sevilla, 1987.

-

Gestoso y Pérez , José. Historia de los barros vidriados  sevillanos. Sevilla, 1903.

-

Palomo García, Martín Carlos. La Cerámica y las Cofradías de Sevilla, trabajo inédito (Sevilla,1985-2007)

-

Palomero Páramo, Jesús. Sevilla, ciudad de retablos. Sevilla, 1987.

-

Pleguezuelo Hernández, Alfonso. Capítulo de Cerámica de Triana en tomo XLII de Summa Artis, Cerámica Española (varios autores). Madrid, 1997.

-

Pleguezuelo Hernández, Alfonso. Cerámica, arte y devoción. Catálogo Colección Carranza. Daimiel, 1995.

-

Vallecillo Martínez, Francisco. El Retablo cerámico del siglo XX. Tesis doctoral. Sevilla, 1994


Martín Carlos Palomo García. Junio 2007

 

                                                       

ENGLISH VERSION
 

Correo de la página:
retabloceramico@gmail.com