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LOS AUTORES
Pintores Ceramistas, Alfareros, fábricas y talleres
 Por Martín Carlos Palomo García

"Resucitar lo pasado, renovando la tradición, es una de las maneras más hondas de fraguar porvenir y hacer progreso". (Miguel de Unamuno, libro de firmas de la Fábrica Nuestra Señora del Prado, de Talavera de la Reina, 1909.)

Los retablos cerámicos son ejecutados principalmente por los pintores ceramistas, aunque en ocasiones por la complejidad de las obras participan también alfareros -cuando se utilizan piezas modeladas en relieve- y escultores. A veces estas tres tareas son realizadas por la misma persona, pero no es el caso más frecuente.

Desde los orígenes del retablo cerámico, los pintores ceramistas ejecutaban sus obras bien de forma aislada o agrupados en pequeños talleres. Salvo Niculoso Pisano en el siglo XVI y algunos autores posteriores, no acostumbraban a firmar sus obras, por lo que la mayoría de los azulejos pintados hasta mediados del siglo XIX podemos calificarlos como anónimos, salvo contadas excepciones en que se haya podido conservar el contrato de ejecución o constatar alguna marca a modo de firma.

Desde la recuperación de la cerámica artística y decorativa a finales del siglo XIX (ver el capítulo de Historia) los pintores cerámicos van a cobrar un protagonismo que hasta ese momento no habían tenido, quizás por la propia infravaloración de su actividad, considerada por muchos como arte menor. Hacia 1890 empezamos a encontrar las primeras firmas personales en la parte inferior de sus obras, así como las de las primeras fábricas que se van creando, con una producción diversificada que abarca desde los retablos cerámicos hasta la construcción y decoración

Coexisten en este periodo de la primera mitad del siglo XX pintores cerámicos con buena formación académica en las escuelas de Bellas Artes y los que aún empezando como aprendices casi de niños fueron toda su vida pintores “de batalla” para ganar su salario. Incluso algunos, en épocas duras de la economía, iban a pintar a otros talleres o fábricas en horario adicional a su jornada laboral para ganar un sueldo extra, o pintando al óleo, faceta que casi todos los ceramistas cultivan. En otras ocasiones serán licenciados en Bellas Artes los que se adentrarán en la cerámica como un medio rápido de abrirse camino en su carrera, o pintores más o menos consagrados que realizarán bocetos que luego pintores ceramistas anónimos harán realidad. En algunas ocasiones hasta aparece su firma aunque solo sean responsables del dibujo o diseño.

Esta situación se mantiene hasta mediados del siglo XX, en que la crisis del sector o la extinción de las sagas familiares tradicionalmente ligadas a la industria del barro hace decaer o cerrar algunas de las afamadas fábricas. Los escasos maestros, muchos en edad de jubilación y con poco ánimo de pasar el testigo, mantuvieron los encargos bien directamente de los particulares y Hermandades o por subencargo de las empresas que a duras penas pueden mantener el esplendor de décadas pasadas, pues la industrialización de la producción de azulejos desbancó la ejecución artesana de las piezas, que era el soporte económico de las secciones de cerámica artística de dichas fábricas. La década de los años sesenta de la pasada centuria atrajo para la industria la mano de obra de los jóvenes que buscaban un mejor futuro.

A partir de la década de 1980 el panorama laboral y artístico de los pintores ceramistas toma nuevos rumbos. En primer lugar van a formarse mejor, bien a través de las Facultades Universitarias de Bellas Artes, de los centros oficiales de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos y más modernamente a través de las Escuelas Taller creadas en la mayoría de los municipios, como forma de combatir el desempleo juvenil. En consecuencia, en los tiempos actuales, los nuevos pintores ceramistas van a instalar sus talleres de forma individual o a lo sumo en sus comienzos con un grupo reducido de compañeros que luego el tiempo decantará su continuidad. Algunos simultanean su actividad con la docencia, y otros abren tiendas taller al público o trabajan por encargo para otros comerciantes que en sus tiendas de artesanía y recuerdos exponen sus obras. Por supuesto se mantienen algunas firmas clásicas  de fábricas o talleres de nueva creación (dirigidos por antiguos ceramistas o comerciantes conocedores del tema) que mantienen una reducida plantilla de artistas o derivan sus encargos a reconocidos ceramistas.

Un nuevo reto se plantea a los ceramistas actuales, cuyo trabajo es realizado completamente a mano: la introducción de procedimientos informáticos para la ejecución de retablos cerámicos en serie, lo que viene a denominarse "cerámica digital", utilizándose fotografías que plasmadas sobre azulejos y después vidriadas dan un acabado final que satisface a clientes poco exigentes. Con este procedimiento se producen en serie una gran cantidad de azulejos devocionales de formato pequeño y mediano, todos iguales, que compiten -al ser más baratos- con el esforzado trabajo de taller donde pacientemente, pincelada a pincelada, se plasma arte y devoción perdurable de generación en generación. Es lo que venimos a llamar en la correspondiente sección de esta página "Parece pero no es".

Vaya, en fin, nuestro reconocimiento para todos los autores que se afanan día a día por ofrecer retablos cerámicos y azulejos de calidad que poblarán, como ya lo vienen haciendo desde antiguo, cualquier rincón privado o público de nuestro hogar o nuestra localidad, como testimonio de unión entre arte y devoción a través de los barros vidriados.

 
 
www.retabloceramico.net
email: retabloceramico@gmail.com
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