.
Inicio   Presentación   Andalusí
  Mudéjar
  Glosario   Textos   Enlaces   Bibliografía
 

A N D A L U S Í

 
Para entender y valorar la cerámica que se produce en Al-Andalus es conveniente conocer, aunque sea someramente, el marco en que se desarrolla.

Se conoce como al-Ándalus a los territorios que quedan bajo el poder musulmán desde la llegada de las tropas árabes y bereberes (711) y que termina en 1492, fecha de la conquista cristiana del último reducto islámico en la Península, el reino de Granada. Su extensión varía a lo largo de la Edad Media, reduciéndose paulatinamente conforme avanza la Reconquista.

A lo largo de este periodo de más de siete siglos se produce un fuerte proceso de islamización y la cultura, a pesar de que puedan tolerarse otras religiones, es islámica.

A medida de que se va generalizando la reconquista, más concretamente a partir de la conquista de Toledo en el 1085, los musulmanes que se quedan en los territorios conquistados por los reinos cristianos -los mudéjares- continúan practicando labores propias de musulmanes.

El desarrollo cultural y artístico de al-Ándalus supuso también el desarrollo de las artes del barro, alfarería y cerámica y van a conocer un fuerte impulso en paralelo a la arabización de los distintos territorios peninsulares. Aparecen nuevas formas cerámicas y se incorporan nuevas técnicas, entre las que destaca el vidriado –con un doble carácter: decorativo y funcional (impermeabilización)-, así como otras propiamente decorativas en las que destaca el uso del color: verde-manganeso, cuerda seca, o los contrastes y claroscuros del estampillado y el esgrafiado.

Para una mejor comprensión, señalamos lo más fundamental de cada etapa en materia cerámica, sin renunciar a profundizar en otros espacios de este Proyecto ATAIFOR.

Los productos cerámicos son en su mayoría utilitarios, aunque en muchos de ellos no podemos dejar de considerar su valor ornamental.

Conforme avanza en el tiempo las producciones cerámicas andalusíes se van diversificando, creándose un amplio repertorio en el que encontramos una gran variedad de piezas, muchas de ellas específicas para una función determinada, que vienen a cubrir las necesidades de la sociedad principalmente en el ámbito doméstico, pero también en el almacenamiento, artesanado, agricultura, etc.

De esta manera encontramos ollas y cazuelas para cocinar, cántaras para el agua, candiles, lebrillos, orzas, tinajas… y diversas piezas de vajilla para el servicio y consumo de los alimentos, en muchos casos con vistosas decoraciones.

Antes del siglo X, época emiral, existe una cerámica importante y de calidad. Pero será en el periodo del reino del Abderramán III‐ el Nazir‐ (912‐961) en el que se llevan a cabo grandes obras arquitectónicas en Medina Azahara y Mezquita de Córdoba y se puede hablar de una cerámica de calidad, generalizada y con importantes centros de producción.

A partir de estas reflexiones previas, consideramos que la Cerámica hispanomusulmana (andalusí y mudéjar) puede quedar determinada para su estudio y clasificación por dos conceptos fundamentales: CRONOLOGÍA y ESTILO.

 

Época del Valiato de Damasco (711-756) y Época del Emirato de Córdoba (756-729).

En los años finales del Emirato aparece la cerámica que conocemos como “verde y manganeso”. No obstante, será en la época Califato cuando la técnica tenga su desarrollo y su esplendor. Su principal característica es el contraste entre el negro-morado de manganeso y el verde de cobre con la pasta blanca de base o engalba.

Las principales innovaciones consistirán en cerámicas pintadas en negro y rojo de influjo bereber. Aparecen los primeros ejemplos de vidriado y la calidad de estas cerámicas será muy superior a las visigodas, ya que sus paredes son de una mayor finura.

A comienzos del siglo VIII la cerámica existente en la Península son las producciones tardo antiguas, cerámicas a torno que mantienen hasta cierto punto algunos rasgos de las cerámicas comunes romanas, y otras realizadas a mano o a torneta de producción local.

A partir de la conquista islámica se van a ir introduciendo algunos cambios como la presencia, en contextos todavía de cerámicas tardo antiguas, de jarros con cuellos cilíndricos desarrollados, o las decoraciones pintadas con gruesos trazos en negro, blanco o rojo, que permiten a los arqueólogos situarlos cronológicamente en un momento posterior al 711.

Una excepción a este panorama son los hallazgos de Pechina (Bayana), Almería, donde se documentó una producción cerámica avanzada en la que encontramos piezas vidriadas, algunas de ellas sobre una decoración incisa previa.

A partir de estos momentos iniciales las producciones cerámicas andalusíes van a ir evolucionando progresivamente hasta alcanzar altas cotas de calidad, distinguiéndose por sus avances técnicos y por sus logros en el campo de la ornamentación.

 

Época del Califato (929-1031)

Se trata, sin duda alguna, de una época de gran esplendor. La vajilla utilizada en la época califal nos aporta una gran variedad de formas, usos y decoraciones. Muchas de las piezas todavía no están vidriadas. En otros casos están engobadas en blanco o en rojo para, posteriormente, sacar el color del barro para las líneas creadas.

Es frecuente el uso del engobe para cubrir las piezas, ocultando el color rojo del bizcocho (o juaguete). Posteriormente se decoraba con oxido de cobre y de manganeso. Sobre la decoración (geométrica, fotomórfica y epigráfica) se aplica un vidriado transparente que resalta los colores verde y negros (cobre y manganeso), le da impermeabilidad a las piezas.

Bajo la época califal omeya también se hacían labores con cuerda seca parcial, ya que solo se vidriaba alguna parte de las piezas dejando el resto del color del propio barro.

 

Época de los Reinos de Taifas (1031-1089)

En los reinos taifas se trata de emular el esplendor de Córdoba, esto se refleja en el ámbito de la cerámica ya que van a tratar de mantener las mismas producciones, especialmente aquellas más representativas como las piezas decoradas en verde y manganeso, las cuales sabemos que siguieron produciéndose en distintos centros, entre ellos Sevilla.

Poco a poco se van a ir introduciendo novedades, que acabarán siendo representativas de la época como las producciones en cuerda seca y las cerámicas pintadas en blanco con trazo fino sobre barros rojos o rojizos.



Época del Imperio Almorávide (1089-1147).

Durante este periodo, la cerámica continúa desarrollando la técnica de "cuerda seca parcial" o "total" dependiendo de que la decoración cubra toda la superficie o parte de ella. Al mismo tiempo aparecen dos nuevas técnicas aplicadas a la cerámica no vidriada: el esgrafiado y el estampillado, que se generalizarán en la época almohade.

Hacia fines del siglo XI y a lo largo de la primera mitad del siglo XII, el agotamiento de la tradición califal que todavía influenciaba algunas producciones cerámicas, junto con la llegada de aires nuevos que venían desde Egipto, el Mediterráneo oriental, o del norte de África traídos por los nuevos gobernantes almorávides, va a dar lugar a la creación de cerámicas nuevas, que evidencian un gusto y unos valores estéticos muy distintos. Son comunes de este periodo las piezas con baño de engalba roja, algunos estampillados, o las producciones de cuerda seca total.

Muchos de estos cambios cerámicos terminarán consolidándose y pasarán a convertirse en elementos diferenciadores durante el periodo almohade.



Época del Imperio Almohade (1147-1248).

A este periodo pertenece la Giralda, alminar de la desaparecida mezquita. Así mismo, destacan las piezas estampilladas y una preferencia por la cuerda seca.

La cerámica almohade presenta una diversificación formal, creándose un amplio repertorio. Pese a la teoría de que el rigor religioso de los almohades impedía un desarrollo de la ornamentación, encontramos que la cerámica almohade está decorada, si bien se distingue claramente entre aquella exclusivamente funcional a la que apenas se dedica atención, y aquellas otras piezas que merecen ser mostradas, ya sea un ataifor, una jarra o una tinaja.

En la ornamentación almohade se observa un notable gusto por el contraste y el claroscuro, en técnicas como el estampillado, el esgrafiado, el vedrío sobre bizcocho, o el empleo de elementos aplicados sobre una superficie lisa.

Pero será la cerámica de reflejo metálico la producción de lujo de estos alfares.



Época del Reino Nazarí (1147-1492)

Tras de la conquista del reino de Sevilla empieza a eclipsarse el periodo almohade. A partir de esta época se extinguen los hornos de loza almerienses y murcianos. Sin embargo empiezan a florecer los hornos de Málaga, dando nombre a una labor, la loza de Maliqa, que se convirtió en el mito de la loza dorada fuera del reino nazarí.

La cerámica arquitectónica alcanza su esplendor en la época nazarí. Destacan los alicatados y zócalos en los palacios, como la Alhambra. Es la época de apogeo reflejo metálico.

Es una cerámica de gran variedad formal y se desarrollan los elementos almohades de los que parte, como el estampillado.

Podemos decir que en este periodo es el que aparecen de lozas propiamente dichas. Éstas presentan se presentas en dos modalidades: Lozas blancas decoradas y. Loza dorada.

Hay una gran diversidad en la ornamentación, tanto en lo que respecta a las técnicas como al colorido (se va haciendo progresivamente una cerámica colorista). Se generaliza el uso del azul de cobalto y se usan aparecen los verdes y verdes turquesa y los Melados.

En referencia a la cerámica de uso arquitectónico es la época del Alicatado, de los azulejos (verdes, dorados, en azul sobre blanco…), de la cuerda seca y de la incrustación cerámica.

 
 
www.retabloceramico.net
Email: retabloceramico@gmail.com
PÁGINA PRINCIPAL