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CERÁMICA TRIANERA EN EL CORAZÓN DE LA MINA ASTURIANA
JOSÉ ENRIQUE MENCÍA MARTÍNEZ
Jefe del Departamento de Prensa de Hunosa (Grupo SEPI)
 
La empresa Duro Felguera adquirió en los cincuenta tres imágenes de Santa Bárbara de Alfonso Chaves Tejada y las colocó a la entrada de los pozos Fondón, Sotón y María Luisa para proteger a sus mineros.
La cerámica trianera tiene un hueco en el corazón de la mina asturiana. Tres retablos cerámicos pintados por Alfonso Chaves Tejada, a mediados del siglo XX, lucen –se calcula que fueron adquiridos en la década de los cincuenta del siglo pasado- en las instalaciones de tres emblemáticos pozos mineros: el pozo Sotón, el pozo María Luisa y el Fondón. Se trata de tres minas, cargadas de leyenda, que tienen página propia en la historia industrial y de los movimientos sociales en España moderna.

Pese a la tradicional ideología progresista o de izquierdas que se les presume a los trabajadores de la mina, conocida es la devoción de los mineros por su patrona Santa Bárbara. Según la leyenda cristiana, Santa Bárbara fue una joven virgen y mártir, nacida en Nicomedia, en la actual Turquía, a la que su mismo padre decapitó por convertirse al catolicismo. Su vinculación a la minería estaría basada, según algunas fuentes, en la suerte que, acto seguido, tras matarla, corrió su padre, que cayó fulminado por un rayo. Esta leyenda del rayo es la que ha hecho que Santa Bárbara sea considerada patrona de las tormentas y de muchas profesiones que manejan explosivos, entre ellas, la de los mineros.

En España, se cree que su culto comenzó con el impulso dado a la minería por el rey ilustrado Carlos III, promotor de la creación de la primera Escuela de Minas, en la población de Almadén, el 14 de julio de 1777. La creación de la Escuela de Minas de Almadén se enmarca dentro de una gran corriente Europea, ya que en 1.767 fue creada la Academia de Minas de Freiberg en Sajonia, en 1.770 la de Schemnitz en Hungría; Rusia establece dos años después en San Petersburgo un Instituto Especial de Minas y en 1.778 se crea la Escuela de París. Los conocimientos del laboreo y de las técnicas mineras eran enseñados en estas pocas academias, en unos países en los que ya era venerada Santa Bárbara, como protectora de la minería.

Como la historia de la minería del carbón en Asturias se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando los ilustrados asturianos de la época fomentaron la extracción de hulla con el fin de estimular la economía del país, se podría fijar más o menos en esa época el inicio de las celebraciones por parte de los mineros asturianos para honrar a su patrona Santa Bárbara. Hablamos entonces de una veneración arraigada desde hace más de dos siglos. La celebración de la patrona llegó a ser además una de las fiestas más destacadas en las cuencas mineras del centro de Asturias.

Retablo en boca mina del Pozo Fondón

Dice Cándido Fernández Riesgo en su “Historia de Langreo”, gran municipio minero de Asturias junto a Mieres, que “Santa Bárbara es la patrona de los mineros del carbón, y como tal ha tenido su festividad, desde antiguo, un valor y ambiente especial destacado dentro de la minería de todo este Valle”. Asegura Fernández Riesgo que “era de rigor y de costumbre que, lo mismo la víspera que el día de la fiesta, se anunciase y se celebrase con un gran alarde de explosiones de cartuchos de dinamita en los montes que circundan y rodean esta cuenca minera, aclamando y festejando a su patrona, Santa Bárbara”. Y añade: “Antiguamente salían los mineros de El Fondón precedidos de la gaita y el tambor, que iba redoblando entre el estampido de los cohetes y de la dinamita, y se dirigían a la iglesia donde se celebraba la misa cantada. La peculiaridad de la procesión de Santa Bárbara era que no se alumbraba con velas de cera, sino con las lámparas de la mina de las que utilizan los mineros en las profundas galerías”.
Precisamente ese pozo que cita Fernández Riesgo, en el Fondón, es uno de los que aloja una de las tres cerámicas de Santa Bárbara elaboradas por Alfonso Chaves Tejada. Los otros dos son el pozo Sotón y el pozo María Luisa.
Las tres minas eran propiedad de una misma empresa, Duro Felguera, cuando se supone que tuvo lugar la adquisición de los retablos. Duro se había constituido en febrero de 1858, como la sociedad Duro y Compañía, impulsada por Pedro Duro Benito. Inicialmente la compañía estuvo especializada en la producción siderúrgica y en la extracción de carbón, convirtiéndose a finales del siglo XIX en la principal siderurgia española.

Retablo en el edificio sindical de Pozo Sotón

En 1900, Duro y Compañía se reconvierte en la Sociedad Metalúrgica Duro-Felguera. En 1920 es la mayor empresa carbonera del país. Durante los años 1940 y 1950 la minería encuentra un entorno favorable, y en cuanto a la siderurgia, Duro dominará el mercado nacional junto con Altos Hornos de Vizcaya hasta 1960, aproximadamente.
Fue en esos años de bonanza, una década antes de que la rama siderúrgica se integrara en Ensidesa y la minera en Hunosa, cuando los retablos llegaron a los pozos. La devoción por Santa Bárbara estaba entonces muy arraigada en las cuencas mineras. Y la imagen de la virgen incluso llegaba a ser sacada en procesión por los mineros que, con su gesto, pedían a la Santa les protegiera ante los accidentes, por aquella época muy peligrosos y numerosos en las minas.
Por este motivo no debe de extrañar que Duro Felguera encargara los retablos a la fábrica de cerámicas de Hijos de Ramos Rejano para luego instalarlos a la entrada de sus minas a modo de protección para sus trabajadores. Así, podríamos decir, que en el contenido de fe o superstición, según el cristal con que se mire, iba también el adoctrinamiento por parte de una empresa que siempre había destacado por sus rasgos paternalistas hacia sus trabajadores.

Retablo en la oficina del Pozo María Luisa

En el pozo Fondón se eligió una bocamina para colocar el retablo. La instalación industrial, uno de los conjuntos más destacados del patrimonio industrial y la minería asturianos, fue uno de los primeros pozos verticales que sustituyeron a las minas de montaña, ésta en particular daba la continuidad a la Mina La Nalona de la que se conserva todavía una bocamina. Fue el segundo pozo vertical de Asturias y el primero en excavar por debajo del nivel de los valles mineros. Ahora lleva cerrado poco más de dos décadas. El actual conjunto está formado por el castillete, la casa de máquinas construida en 1915 y los cuarteles. El pozo cesó su actividad en 1989 y actualmente alberga el Archivo Histórico de Hunosa siendo, además, sede de la Brigada de Salvamento Minero.
El pozo Sotón, otro de los que acoge un retablo cerámico de Chaves Tejada, cesó su actividad hace menos de dos años. Tras su clausura, en 2014, varias de sus instalaciones son declaradas Bien de Interés Cultural. Además, el Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial lo incluye entre los 100 elementos de patrimonio industrial más representativos de España. Actualmente, la empresa Hunosa ha puesto en marcha un proyecto de visitas guiadas al interior de la explotación que es único en Europa. Sotón es la única mina de carbón visitable en España. El turista que se acerca para bajar a casi 700 metros de profundidad conoce también en su visita los retablos cerámicos del maestro sevillano.
El descubrimiento del afloramiento carbonífero de Sotón se remonta a 1792. La Compañía Cantábrica de Santa Ana, vinculada financieramente a Herrero y Compañía, fue la primera sociedad en explotar los yacimientos. Tras su liquidación en 1867 sus pertenencias fueron vendidas a la Sociedad Hullera de Santa Ana, empresa francesa vinculada a los Herrero. Años más tarde ésta pasó a pertenecer a la sociedad Carbones de Santa Ana y finalmente en 1877 a la sociedad Herrero Hermanos. Tras la reestructuración empresarial de Duro en 1900 (Sociedad Metalúrgica Duro Felguera, SA o SMDF a partir de entonces) se inicia un cambio en su estrategia hacia una integración vertical, adquiriendo las minas de Santa Ana con el fin de controlar las materias primas necesarias para los hornos. Desde 1967 el Pozo Sotón pertenece a la empresa estatal Hunosa.
La pieza central y fundamental del Pozo, está conformada por los dos castilletes metálicos de perfiles roblonados y soldadura, de unos 33 metros de altura; una estructura metálica de perfiles laminados, que envuelve los castilletes y que alberga el área de clasificación de carbones, ensamblada también por remaches metálicos y soldadura; y la casa de máquinas y oficinas sindicales, nave de ladrillo visto ubicada frente a los pies de los castilletes y que sigue como referente alguno de los edificios de la fábrica siderúrgica de Duro en La Felguera. Esta última alberga el retablo de Santa Bárbara elaborado por Chaves Tejada.
En el pozo María Luisa, el único que permanece activo de los tres emplazamientos citados, la pieza cerámica se encuentra en el edificio de oficinas. Este mítico yacimiento comenzó a explotarse en 1858 por la Unión Hullera Santa Ana, para pasar en 1869 a ser propiedad de la Sociedad Carbones de María Luisa, bajo la dirección de Luis de Adaro y Magro, quien junto a D´Eichthal y La Justa creó en 1886 la Unión Hullera y Metalúrgica, sociedad ésta que más tarde se integraría en Duro Felguera. El pozo vertical se puso en funcionamiento en 1942. María Luisa fue escenario de uno de los accidentes más graves que se recuerdan en la minería española. Fue en 1949 y en el siniestro murieron 17 mineros.
Referencia directa a un accidente minero, ocurrido también en el pozo María Luisa, hace la canción “Santa Bárbara bendita”, conocida igualmente como “en el pozu María Luisa”. En sus estrofas se mezcla la tragedia minera, la mítica de los pozos y la veneración Santa Bárbara. “En el pozo María Luisa, tranlaralará, tranlará, tranlará. Murieron cuatro mineros. Mirai, mirai Maruxina mirai, mirai como vengo yo. Santa Bárbara bendita, tranlaralará, tranlará, tranlará. Patrona de los mineros”.

Noviembre 2015.

 
 
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