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  ENTREVISTAS

DIEGO COCA MORALES
LA HUELLA DE UN DOCENTE EN PRO DE LA CERÁMICA

 

Hacía tiempo que era nuestra intención visitar el Instituto de Enseñanza Secundaria Gustavo Adolfo Bécquer, sito en la calle López de Gomara de Sevilla, pues conocíamos la existencia de su decoración en cerámica hace unos años a cargo de un grupo de alumnos dirigidos por un profesor que impartió allí su asignatura de artes plásticas y dibujo, Diego Coca Morales (Sevilla, 1943). Con motivo de iniciar contactos y proyectos de colaboración entre la dirección actual del Centro y la Asociación Amigos de la Cerámica Niculoso Pisano, hemos creído oportuno dejar constancia de tal actividad para conocimiento de los nuevos alumnos y de los ceramófilos en general.

Diego Coca, ya jubilado, nos recibe en el Instituto Bécquer para contarnos aquella experiencia singular llevada a cabo en un centro educativo, ya que tan solo teníamos constancia en el barrio de Triana de la clase de cerámica que organizó en la década de 1930 el ceramista José Recio del Rivero en el Colegio José María del Campo de calle Pagés del Corro.

Diego Coca es un reconocido pintor que cuenta con numerosas exposiciones y galardones. Su pintura al óleo, principalmente figurativa, tiene un sello personal que la distingue como puede verse en su web: www.diegococa.com.

 Detalle del zócalo de recepción del centro educativo


Cuéntanos tu llegada a la docencia y a Bellas Artes

Primero estudié Magisterio, pero las Bellas Artes me reclamaban, desde pequeño había expresado mis aptitudes para la pintura y el dibujo, aunque la vocación hay que complementarla con formación y oficio, por lo que me licencié en Bellas Artes en 1979, hice las oposiciones a profesor de Instituto en 1980 y de inmediato me presenté a catedrático en 1981. Tenía que aprovechar el hábito de estudio.

Siempre te gustó trabajar en equipo con los alumnos…

Sí, me interesé siempre por motivarles y hacerles pasar un buen rato con mi asignatura. En los centros educativos por donde pasé siempre dejé alguna obra decorativa colectiva. En el Instituto de Marchena, allá por 1979, preparamos una tapia de 19 metros y reflejamos la obra de Picasso. En 1983, en Cartaya (Huelva), decoramos con los alumnos parte del recinto escolar y fundamos un taller de pintura totalmente gratuito para todos los aficionados del pueblo, a petición de ellos, en un esplendido lugar que nos cedió el Ayuntamiento. La dirigí durante siete años y hoy la lleva uno de aquellos alumnos que entonces tuve. Mi penúltimo destino fue en Los Palacios (Sevilla), donde preparé a varios alumnos, entre recreos y huecos libres, para su ingreso en Bellas Artes. Hoy ya son licenciados.

 Mural desaparecido que daba acceso al Salón de Actos y Teatro del Instituto, por desprenderse en 2013.


Y por fin llegas al Instituto Bécquer…

Llegué al Instituto Bécquer en 1995, donde estuve hasta 2003 como Catedrático, año en que me jubilé. Siempre me había gustado la cerámica, me atraía mucho. Cuando llegué al Instituto Bécquer me encontré con una mufla, un horno eléctrico para cocer la cerámica que la Consejería de Educación había puesto en cada centro para las asignaturas de plástica. Con el beneplácito del entonces director, Manuel Rojas, puse en marcha la clase de cerámica, buscando además una posible orientación laboral posterior para los alumnos que lo quisieran. Pensé que era la ocasión de aprovechar aquella circunstancia para desarrollar mi interés por la pintura cerámica y motivar a los alumnos. Como no tenía demasiados conocimientos de la técnica recurrí a un buen amigo, médico de profesión, Curro López García, otro enamorado de los barros vidriados, quien siempre me aseguraba que lo dejaría todo por dedicarse a la cerámica, un auténtico veneno cuando te acercas a ella. Nos veníamos por la tarde al Instituto y hacíamos pruebas de materiales, colores y cocciones que me permitieron luego dar las clases.

 El paseo por el interior del Instituto es una continua alusión a la obra del poeta sevillano Gustavo Adolfo
Bécquer, a través de los rótulos de cerámica ejecutados por el taller de cerámica que dirigió Diego Coca


¿Por qué la técnica de cuerda seca?

La verdad es que para alumnos en los que no se presupone sus aptitudes artísticas, la cuerda seca tan solo exige destreza, ya que ante una equivocación se puede raspar y seguir adelante. Sobre todo realizaban los motivos ornamentales previamente dibujados, y yo completaba alguna parte del mural con pintura sobre baño y escenas de mayor dificultad, como puede verse por ejemplo en los murales de la recepción, con vistas de Sevilla y del antiguo mercado de Triana.


¿Eran buenos artistas los alumnos?

Conseguí motivarlos mucho, algunos fueron muy buenos, especialmente recuerdo a algunos chicos que captaron la cerámica estupendamente, les inculcaba espíritu de equipo y de participación. Nos dedicamos a decorar las instalaciones del Instituto, rotulando los espacios públicos con nombres relacionados con la obra literaria de Bécquer (callejón de las Rimas, Transito del Azahar, paseo del Miserere, Patio de los Naranjos, Calle de las Leyendas), los rótulos de los despachos, departamentos, numeración de las aulas. También hicimos la decoración de la entrada del teatro, los frontales interiores de las ventanas, sobre unas galerías de madera que yo mismo confeccioné en el garaje de mi casa, varios murales, ejecutamos la decoración de la recepción y un banco de la Plaza de España.

En los murales se hacían constar las firmas de los alumnos que intervinieron en su
ejecución, quedando recogido el papel del profesor como diseñador y coordinador


Háblanos con más detalle del Banco de la Plaza de España…

Había un espacio libre de gran tamaño en la galería baja, y se me ocurrió que podría caber una reproducción a tamaño real de un Banco de la plaza de España, nos fuimos allí con papeles de calco, reproducimos los dibujos de uno de los murales dedicados a Sevilla, concretamente el dedicado a la salida del toril, y aquí podéis ver el resultado. Hay que tener en cuenta que algunos alumnos eran hasta de cuarto de ESO, otros de bachillerato, tardamos un año y medio en llevar la obra a cabo. Algunos seguramente se habrán dedicado al arte y la cerámica pero de lo que estoy seguro es que tendrán un grato recuerdo de su paso por la clase de cerámica de este Instituto. A lo mejor algún día vuelven al Centro a ver su nombre en la firma de las obras más importantes.

Reproducción de uno de los bancos de la Plaza de España en la galería principal del Instituto
 

Dedicaste un recuerdo al músico José Romero…

Sí, fue en el año 2000, tras su fallecimiento. Había impartido la asignatura de música y dejó su huella artística en sus alumnos. Pensamos que la mejor manera de recordarle era con un mural en el que aparece tocando el piano, que yo pinté, correspondiendo la orla a los alumnos.

Diego Coca dedicó junto con los alumnos un azulejo en memoria del profesor de música José Romero
 

¿Sigues teniendo contacto con el Instituto?

Pues sí, vengo cada vez que puedo, y en especial en los últimos meses, ya que se ha desprendido la decoración superior de la puerta del teatro y he tenido que rehacerla, lástima que ya no haya podido ser con los alumnos. Estamos pendientes de colocarla en estos días, he respetado todo lo que he podido el diseño anterior pero la parte superior es totalmente nueva, y en este caso la he pintado sobre baño en vez de en cuerda seca.

 Tras el desprendimiento del friso decorativo de entrada al Teatro, Diego Coca ha ejecutado
en este año 2013 un nuevo panel, tal como se puede ver desmontado en la fotografía inferior


Además de las obras que han quedado en el Instituto ¿has ejecutado alguna más?

Pues no muchas, casi siempre por encargo de amistades y conocidos que sabían de mi afición. Citaré un mural en “La Bodega" (junto a la Ronda de Capuchinos), algunas placas realizadas con motivo de eventos y reconocimientos, jarrones de barro decorados....y hasta una reproducción del cuadro de los Borrachos de Velázquez para mi hija y yerno en 2009, de 1.20 x 0.90 metros, que lo tienen en su domicilio de Málaga. En este mural introduje un detalle curioso: sustituí el rostro de un personaje por mi autorretrato, es el personaje del sombrero que está en penumbra en el extremo superior derecho de la imagen. Entonces yo estaba más gordito y además eliminé las gafas que uso.

 Dos ejemplos de obras en cerámica de Diego Coca localizadas fuera del Instituto: la reproducción del cuadro
de Los Borrachos de Velázquez (donde se autorretrata) y un mural para Juventudes Musicales de Sevilla
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Nos despedimos de Diego Coca con el convencimiento de que además de un gran artista es una gran persona, sencillo y afable, que transmite positivismo en la conversación. Estamos seguros de que sus alumnos siempre le recordarán por aquellos buenos ratos en la clase de cerámica, que además dio sus frutos en la decoración del Instituto Bécquer de Sevilla.
 

Entrevista a cargo de Martín Carlos Palomo García. Noviembre 2013
 
 
www.retabloceramico.net
email: retabloceramico@gmail.com
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