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EL RETABLO MAYOR DE LA IGLESIA DE SAN ANDRÉS DE CASTILLO
DE BAYUELA. LA GRAN OBRA CERÁMICA DE RUIZ DE LUNA
VICENTE CERRILLO FERNÁNDEZ
 


 

Castillo de Bayuela es una población de la provincia de Toledo con algo más de 1000 habitantes, situada en el extremo suroriental de la Sierra de San Vicente. Son notables sus restos arqueológicos y su patrimonio artístico y cultural.

El edificio principal es la Iglesia de San Andrés Apóstol, un edificio originario del siglo XVI en estilo gótico-renacentista donde se encuentra una de los mejores conjuntos cerámicos decorativos de nuestro país, tanto en su retablo, como en el altar mayor, zócalos laterales, púlpito y tornavoz.

El encargo del retablo del altar mayor se produce a raíz de la semidestrucción del templo en 1924, tras un desgraciado incendio por una vela mal apagada, tardándose en reconstruirla diez años. El retablo mayor y el púlpito, todo en cerámica, salvo las imágenes que ocupan las hornacinas, se terminó de ejecutar en 1934, pudiendo considerarse como la mejor obra salida de la fábrica de cerámica artística de la familia Ruiz de Luna, de Talavera de la Reina, ciudad internacionalmente famosa por sus barros vidriados. Así lo consideran muchos críticos por su monumentalidad del retablo, posiblemente el mayor del mundo (cerca de diez metros de altura), por reunir partes esculpidas otras hechas con molde y otras torneadas, además de los muchos metros de azulejería. Y por la mucha abundancia de caras de santos, apóstoles y ángeles.
 


 

Fue promovida su construcción por el entonces párroco D. Marcelo Gómez Matías, alma de todo el proceso, que decidió que fuera la cerámica el material principal a utilizar en la parte decorativa. Pesó mucho en su decisión la naturaleza resistente de la cerámica frente al fuego, así como su deseo de impulsar y reconocer la importancia de la cerámica de Talavera, decidiendo que fuera la fábrica Nuestra Señora del Prado la que llevara a cabo el proyecto, por su exitosa trayectoria.

La fábrica de cerámica, que en esos momentos acusaba cierta falta de trabajo por la crisis económica, acometió con entusiasmo la empresa, participando todos sus operarios, quedando la firma estampada con los nombres de los principales pintores de cerámica: Juan Ruiz de Luna Arroyo (hijo de Juan Ruiz de Luna Rojas), Francisco Arroyo Santamaría y su hijo Juan Manuel Arroyo Ruiz de Luna, que entonces contaba unos veinte años. También es preciso citar a Antonio Ruiz de Luna Arroyo, otro hijo de Juan Ruiz de Luna Rojas, que en la fábrica era responsable de las tareas que requerían moldes así como de los hornos, elemento tan imprescindible para obtener la calidad de las piezas y del reflejo metálico, que tanta presencia tienen en el conjunto de la obra que estamos visitando.
 


 

Se conservan dos bocetos, uno firmado por Juan Ruiz de Luna Arroyo, y otro sin firma, que pudiera adjudicarse a su padre Juan Ruiz de Luna Rojas. Francisco Arroyo era jefe de taller en 1934 y debió tener un papel importante en el diseño y en la construcción y ensamble de las distintas piezas ejecutadas (azulejos, piezas a molde y a torno, a colores o en reflejo metálico).

El trabajo de azulejería no sólo comprendió el retablo mayor, sino también los zócalos del presbiterio, el púlpito y el tornavoz, el altar mayor y el expositor. Delante se colocaría más tarde una nueva mesa de altar ejecutada con los mismos moldes y modelos de la fábrica de Ruiz de Luna.

El retablo mayor, de más de nueve metros de altura, consta de cinco hornacinas en la parte baja, tres en el segundo cuerpo y una en el ático. En los zócalos laterales del presbiterio se reproducen símbolos religiosos y el santoral de la diócesis de Ávila, a la que perteneció la parroquia hasta 1955. A los lados del Sagrario figura el apostolado.
 


 

Tres son los elementos decorativos de naturaleza pagana que utilizaron los ceramistas para enmarcar los símbolos religiosos: el grutesco (en los que las formas zoomorfas se sustituyen a menudo por cabezas de ángeles), el candelieri (decoración de pilastras simulando candeleros) y las ferronerías (que nos recuerda las labores de forja). Son elementos muy usados en el renacimiento, en especial en el estilo plateresco.

En el púlpito se representan los cuatro Evangelistas, en el tornavoz, de forma hexagonal, el Espíritu Santo en forma de paloma rodeado de querubines y los nombres de los siete dones (Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Temor de Dios, Piedad y Sabiduría).

Volviendo a los zócalos del presbiterio, citaremos los santos abulenses representados, algunos de ellos naturales de Talavera de la Reina: Los santos mártires San José Fernández, San Pedro Bautista, Santa Cristeta, Santa Sabina, Santa Cristeta, San Vicente, San Segundo; y los santos confesores San Pedro del Barco, Santa Teresa de Jesús, San Pedro de Alcántara, San Juan de la Cruz, San Alonso de Orozco y la Beata Ana de San Bartolomé. Los escudos que figuran corresponden al Papal, el del Obispo de Ávila, de las ciudades de Ávila y Talavera de la Reina, de Castillo de Bayuela y de las órdenes religiosas de los santos citados.
 

  


Descripción del Retablo

El retablo, a pesar de sus enormes proporciones, resulta un conjunto armonioso y agradable a la vista. Ayuda a conseguir esa armonía su estructura, lograda por medio de pilastras que imitan el jaspe. Después de un zócalo o predela, aparecen tres cuerpos en forma piramidal, efecto conseguido a base de colocar sobre una predela cinco hornacinas en el primer cuerpo, tres en el segundo y una en el tercero. Si a esto añadimos la variedad de colores, convendremos que esta es sin duda la obra más completa salida de esta fábrica.
 


La monumental obra está asentada sobre un cimiento de piedra y cemento de dos metros de profundidad. Sobre este firme cimiento se levanta en primer lugar un zócalo, o predela, adornado con ferroneríe que enmarca magníficos ramos en torno a tres medallones en cada lado con figuras simbólicas. En el lado izquierdo, el “Agnus Dei” o Cordero de Dios, el Corazón de Jesús y el anagrama de Cristo. En el lado derecho el Pelícano, el Corazón de María y la Tiara Papal.

El primer cuerpo del retablo, asentado sobre este zócalo. lo forman cinco hornacinas, la central ciega, porque en el diseño interesó colocar una parte de unión entre el altar y el retablo. En esta hornacina ciega es donde mejor se aprecian el efecto de los reflejos metálicos que aplicaron a todo el interior de las hornacinas y otras partes.
 


Para pasar de las cinco hornacinas del primer cuero a las tres del segundo y una del tercero, se recurrió a unos bellos adornos laterales que posibilitan esta transición con total armonía.

El altar mayor está separado del retablo por un pequeño pasillo. Todo él está revestido de cerámica. Podría dividirse en cuatro partes: la mesa de altar, el sagrario, las escaleras a ambos lados del sagrario y el expositor encima del mismo sagrario.

El altar mayor está revestido de cerámica en el frente y ambos lados. Forman el esquema de la mesa cuatro pilastras en el frente y dos en la parte de atrás de los laterales. Sobre todas las pilastras aparece un tablero de mesa con cerámica de relieve y la imitación de flecos, todo ello elaborado a molde. Preside el frente una cruz con forma de aspa, sin duda, por estar dedicada esta iglesia al Apóstol San Andrés.
 


El sagrario es una caja fuerte muy segura, elaborada de un material resistente al fuego. Sobre la puerta una sencilla Cruz de metal. La decoración cerámica lleva a ambos lados de la puerta del Sagrario varias cabezas de ángeles y unos elegantes ramos de espigas, racimos con hojas de parra y otros elementos eucarísticos.

A ambos lados del centro ocupado por el sagrario, aparecen tres escalinatas. Decoran la segunda las figuras de gusto de cuatro apóstoles y otros dos la tercera, que sumados a los seis del otro lado, muestran un magnífico apostolado completo.

Sobre el sagrario aparece un expositor preparado para poder colocar en su interior la custodia. Cada lado lo forman columnas que terminan en un arco de medio punto. La fábrica elaboró esta parte de una sola pieza y en ella aplicó unos reflejos metálicos conseguidos con el buen manejo del horno.
 


Todo este conjunto está bellamente enmarcado por unos magníficos zócalos laterales en cuya cenefa superior podemos ver el santoral abulense anteriormente citado y se complementa con el púlpito, cuya escalera, cuerpo y tornavoz están también decorados con cerámica y que se encuentra situado entre la nave eucarística y la nave central de la iglesia, adosado al arco toral que separa ambas partes.

En definitiva, recomendamos la visita a esta bella localidad toledana, y en especial a esta iglesia de San Andrés de Castillo de Bayuela, donde podremos disfrutar de uno de los mejores conjuntos de azulejería y cerámica de España, a la que muchos han bautizado como la “Capilla Sixtina” de los Ruiz de Luna.
 


Noviembre de 2010.
Fotografías del libro "La gran obra cerámica de Ruiz de Luna en Castillo de Bayuela", del sacerdote, hijo del pueblo, Vicente Cerrillo Fernández y publicado por su Ayuntamiento con motivo del Centenario de la Fábrica Ruiz de Luna, de Talavera de la Reina.