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LOS MÁRTIRES FRANCISCANOS DE JAPÓN EN LOS PANELES
CERÁMICOS DEL CONVENTO DE SAN FRANCISCO DE LIMA
 ALFREDO GARCÍA PORTILLO
 


 

Las Fiestas de la Iglesia estaban destinadas a consolidar los valores de la sociedad de la época y así encontraban en los ciudadanos una recepción a su mensaje de común escenográfico, éstas podían conllevar que toda una ciudad se engalanase para recibir unas reliquias, que se montasen altares en las calles y que el ambiente festivo inundase por unos días una ciudad determinada.

Dentro de estas fiestas, las canonizaciones fueron celebradas por la Iglesia con todos los medios disponibles e incluso a veces, a la par que se celebraban fastos en la villa donde estas tenían lugar, también se aclamaban en Roma, citemos por ejemplo la canonización en Madrid de San Isidro Labrador, entonces corte de la monarquía católica y la construcción en San Pedro de efímeros monumentos en su honor allá por el año 1622.
 


 

Sirva esta corta introducción para situarnos en la importancia que una fiesta de esta envergadura podía tener. Pues bien, en esta misma época y más concretamente en 1630, tiene lugar un acontecimiento en Lima de primera magnitud, se trata de la beatificación de los 23 Mártires franciscanos del Japón. El martirio de estos acontece desde el momento en que son arrestados a finales de 1596, muriendo asesinados el 5 de febrero de 1597 en la ciudad de Nagasaki, dando orden de ello el emperador Tagcosoma. Si bien fueron beatificados en 1627, en Lima alcanzaron gran fama y se celebraron fiestas para su canonización tres años después, en 1630, con la solemnidad y suntuosidad de una ciudad barroca. Se conoce la existencia de un poemade difícil localización, realizado por el fraile franciscano Fray Juan Ayllón titulado “Poema de las fiestas que hizo el convento de San Francisco de Jesús de Lima, a la canonización de los veintitrés mártires del Japón, seis religiosos de la tercera Orden de Nuestro Seráfico Padre S. Francisco”, fechado el 16 de marzo de 1630 y de un barroquismo digno de Góngora. También se pintaron lienzos como el de Pardo de Lagos.
 

Para rendir homenaje a estos mártires, los franciscanos habrían hecho remodelar las arquerías del claustro conventual en 1633 y habrían encargado a Valladares la serie de paneles que hoy pueden observarse en los pilares, podría decirse que la ubicación en estos no es arbitraria pues de alguna forma estos mártires se convierten en auténticos pilares de la Orden Franciscana. Uno de los paneles, precisamente de un personaje que nada tiene que ver con las canonizaciones antes expresadas es el que tiene la fecha, dado que los franciscanos aprovecharon para rendir culto a sus principales representantes, se trata del que corresponde a San Francisco Solano, considerado la máxima expresión de santidad y evangelización franciscana en el Perú y en Hispanoamérica: “Y acaboxe ano de 1638 en 3 de Sepe”.
 

 
 

En camino hacia Lima, encontramos 3 años después 118 cajas de azulejos que provienen de Sevilla y se encontraban en el puerto de San Felipe de Portobelo, pensándose que sería Eugenio Díaz el asentador de los mismos allá por 1642.

Sobre cada uno de los mártires aparece una cartela escoltada por puttis que juegan con la maza de Hércules, con el significado de advertencia ante el proyecto de santidad, así como el ave fénix que figura en distintas zonas hace alusión a la resurrección de los santos franciscanos que figuran en los retablos, al ser ésta una mítica ave que resurge de sus cenizas tras su muerte, existiendo otras alusiones a sus almas, el laurel (triunfo, eternidad y castidad) y la palma (victoria sobre la muerte), así como mariposas volando símbolo de la vida futura en las mitologías griega y romana.
 

         
 

Este estilo de azulejería coincide con la tendencia indicada por Alfonso Pleguezuelo “predominantemente dibujística heredada del manierismo romano y florentino”. Las cabezas muestran una fuerte expresión modelándose volúmenes en rostros y manos. Aparecen colores planos en las nubes del fondo y motivos vegetales muy característicos a los pies de los paneles. Todo esto nos hace pensar en grandes semejanzas con los paneles de azulejos de la fachada del Cortijo "El Algarabejo", situado en la carretera de Utrera a Arahal (A-394), junto al cruce con la A-360, entre Sevilla y Morón de la Frontera.
 

Paneles de la Hacienda El Algarabejo. Utrera. Sevilla.
 


 

Estos mártires, se encuentran representados de dos formas, bien crucificados y con los costados atravesados por dos lanzas formando una cruz de san Andrés, bien en el acto de ser degollados. ¿Qué hay de verdad en estos tipos de representación?. El tipo segundo es ficticio, lo que aconteció en una colina cercana a Nagasaki, tiene su fiel reflejo en los crucificados antes citados, los franciscanos fueron sujetados a las cruces con cuerdas y cadenas en los brazos y piernas, situándose las cruces en una fila y estando junto a cada uno un verdugo que les atraviesa el costado con una lanza. Los rostros de los mártires asiáticos carecen de los rasgos de dichas étnias, lo que podría explicarse por el prejuicio racial de la sociedad de la época.

Fueron canonizados en tiempos de Pío IX, concretamente el 8 de junio de 1862.

Lima, agosto de 2008

Bibliografía:
Pleguezuelo Hernández, Alfonso: “Influencia de la iconografía concepcionista de Murillo en la azulejería sevillana”. Archivo Hispalense nº 195, Sevilla 1982.
Cámara Muñoz, Alicia et alii, Arte y Poder en la Edad Moderna. Editorial CEURA. 2010
Ramírez León, Luis. Juan del Corral y la azulejería limeña del siglo XVII. Museo Nacional de Arqueología, antropología e historia del Perú. Lima, 2004.
RepettoBettes, José Luis. Todos los santos. B.A.C. Madrid 2007

Fotografías: Alfredo García Portillo. Dizbuster319 (nick en flickr) y chimifotos (nick en flickr)