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ENTREVISTA A MANUEL SOTO CARRETERO, CERAMISTA DE TRIANA
MARTÍN CARLOS PALOMO GARCÍA
 

Visitamos en su domicilio del sevillano barrio de Triana a D. Manuel Soto Carretero, toda una vida dedicado a la cerámica y poseedor de un apellido - Soto-  íntimamente ligado al renacimiento de la industria cerámica operada en los años finales del siglo XIX.  Un precioso patio repleto de azulejos es el recibidor de la Cerca Hermosa, un oasis en el corazón alfarero del barrio, pues ostenta el número 32 de la calle Alfarería, muy cerca de todas las fábricas y talleres más prestigiosas que dieron fama a sus barros vidriados.

¿Podemos decir que nació en un alfar?

Pues casi. Nací el 16 de agosto de 1926 en esta misma casa, pero mi abuelo, Manuel Soto y Tello, tenía la fábrica  en esta misma calle, en el número 72, por lo que mis primeros recuerdos siempre están vinculados a la cerámica.  Mi padre, Manuel Soto Pesquero, también continuó con la industria familiar muchos años. Era un buen pintor de tarros, lebrillos y montería. Luego las cosas no le vinieron bien y tuvo que irse a trabajar a la fábrica  de Manuel Corbato a principios del siglo XX, el mismo lugar que luego se llamaría sucesivamente fábrica de Manuel Montero y por último, al cogerla en 1939 los Hermanos Rodríguez Díaz con Antonio Kiernam, Cerámica Santa Ana.

Manuel Soto Carretero, memoria viva de la cerámica de Triana

¿Cuándo se dedica de lleno a la cerámica?

De chaval, pues ya ayudaba a mi padre en Montero. Comencé a estudiar en la Escuela Mercantil en 1940, pero las necesidades económicas de la familia me obligaron a trabajar, incorporándome oficialmente a la plantilla de Cerámica Santa Ana en enero de 1944. De todas formas estudié, pero para formarme en el oficio, en la Escuela de Bellas Artes y Oficios Artísticos, primero en la calle San Jacinto (frente a la fábrica de la Hispano Aviación), luego cuando la trasladaron a la calle Antillano Campos (junto a Cerámica Santa Isabel) y por último a la calle Zaragoza.

En esa fecha también entró en Cerámica Santa Ana Facundo Peláez Jaén…

Sí,  Facundo llegó a la fábrica en noviembre de 1944. Él era natural de Écija y vecino de Domingo Fernández Osuna, encargado de la tienda  exposición , que fue quien lo recomendó por sus aptitudes artísticas. O sea, que se puede decir que nos formamos juntos junto al maestro Antonio Kiernam. Facundo se dedicó más a la pintura de imágenes y yo a la rotulación, a los zócalos y a los murales. Como nos llevábamos dos años, siempre estábamos juntos. Años más tarde nos independizaríamos en 1974 para crear nuestra propia empresa. También tuve siempre muy buena amistad con otro compañero, José León Rodríguez, con el todavía hablo todas las semanas para comentar y recordar viejos tiempos.

¿Qué otros compañeros recuerda?

Sería interminable la lista, pero por citarte algunos recuerdo a José Jiménez, que luego se marchó a la fábrica de La Cartuja. Además de Facundo Peláez,  José León Rodríguez, Antonio Hornillo Pérez,  Manolo Flores, Luis Conradi, Fernando Rueda, Ramón Portillo, Antonio Martínez Adorna, Juan Sánchez Cueto y otros muchos. Otros tenían sus trabajos por la mañana y pintaban por la tarde, como  Vicente Flores Navarro (Imágenes y escenas taurinas), Manolo Flores, Enrique Mármol Rodrigo, José Baena , que era empleado del Ayuntamiento, pero además era un buen pintor de escenas rocieras y taurinas. Gonzalo Fernández Olmedo era el encargado del taller, era cuñado de Antonio Kiernam, pues estaba casado con su hermana María Kiernam Flores, que también trabajaba en Cerámica Santa Ana en los azulejos de labores. Don Eduardo Rodríguez Díaz visitaba todos los días la fábrica. También teníamos contacto y amistad con otros ceramistas de otras fábricas, como Ramos Rejano, Mensaque o Montalván.

Fotografía fechada en 1947, tomada en la azotea de Cerámica Santa Ana. De pie, de izquierda a derecha aparecen Ramón Portillo, Fernando Rueda y José León. Agachados, Manuel Soto Carretero (a la izquierda) y Antonio Martínez Adorna. (por gentileza de  Manuel Soto Carretero)

Recordará algunas anécdotas vividas en el taller…

Una de las más curiosas está referida a Antonio Hornillo Pérez, pintor que llevaba muchos años junto a Antonio Kiernam, ya desde los tiempos de Manuel Rodríguez y Pérez de Tudela. Antonio padecía de estrabismo y además era daltónico, por lo que teníamos que estar pendientes porque a veces pintaba la túnica de los santos en verde en vez de en rojo. Utilizo la palabra santos porque así se manejaba el término al referirnos a las Imágenes devocionales. Otra anécdota que recuerdo era la forma de hacernos los pinceles, que para perfilar eran de pelo de barba de chivo, e incluso hicimos algunos con cabellos de compañeros que lo tenían a propósito. Luego ya vinieron los fabricados por la industria.

Hábleme de Antonio Kiernam Flores…

Fue el maestro de todos nosotros. Era un trabajador incansable, no conocía horarios ni días de fiesta, siempre pintando, con un cigarro en la mano. Era de carácter reservado, hablaba poco, y tocaba el violín en algún rato libre. De vez en cuando escuchábamos una voz : ¡Niñooo..!. Era la forma de llamarnos a Facundo o a mí.  Yo ya lo conocía desde siempre porque vivía casi frente de la Cerca Hermosa, en los pisos de Japón, en calle Alfarería 43. Luego, al asociarse con los Rodríguez Díaz para fundar Cerámica Santa Ana en 1939 se mudó a los altos de la fábrica en calle San Jorge. Vivía con su mujer, Antonia, y una sobrina de la mujer a la que prohijó, Juanita, pues no tuvieron hijos. También por temporadas vivió con ellos su sobrina Isabel, hija de un hermano de Antonio residente en Madrid.

Antonio Kiernam era hermano de la Estrella, al igual que Domingo Fernández Osuna. Hay fotos de su asistencia a diversos actos de la Hermandad, pero no era amigo de fotos. Conservo una  en la que estoy junto a él en la boda de Lorenzo, el hijo del alfarero Sebastián Ruiz Jurado, gran amigo suyo desde sus comienzos junto a Manuel Rodríguez y Pérez de Tudela.

Manuel Soto Carretero junto a Antonio Kiernam Flores, en la boda de Lorenzo Ruiz Gutiérrez,
 hijo del alfarero Sebastián Ruiz Jurado. (por gentileza de  Manuel Soto Carretero)

¿Qué me puede comentar de la fachada de Cerámica Santa Ana?

En 1948 participé en la ejecución de los nuevos rótulos de la fachada, pues como en esos edificios se sabe que desde hace siglos ha habido actividad alfarera, han pasado diversos dueños. La fachada actual conserva en la parte superior los paños cerámicos con las figuras alegóricas de El Trabajo y La Prudencia,  que pintara Manuel Arellano Campos a finales del XIX siendo fábrica de la Viuda de Gómez, pero tras el paso de Corbato y Montero  se pusieron los paños de cerámica de la fachada. Gonzalo Fernández Olmedo hizo el letrero de Cerámica Santa Ana, yo lo perfilé y Antonio Kiernam pintó los paneles verticales en los que aparecen unos querubines alfareros. Esos dibujos los hizo Ramón Portillo, un excelente dibujante, tomando como modelos unos libros de arte de Alemania que teníamos.

¿Qué recuerdos tiene de Antonio Morilla Galea?

Le conocía desde que estaba con su primo Francisco Morilla Serrano el taller de la calle Antillano Campos y Alfarería, Cerámica El Carmen. Luego trabajaba desde su casa en la calle Miño pero venía a cocer las piezas a Cerámica Santa Ana, pero nunca trabajó en la fábrica, aunque hiciera algunos encargos. La muerte de su hijo en accidente en 1976 le supuso un fuerte golpe emocional y a partir de esa fecha empezó a dejar la cerámica. El día que se marchó con su mujer a la Residencia de Heliópolis nos regaló el tablero y el material que tenía, el cual conservamos en el taller de S´artef.

¿La cerámica está bien pagada?

No, es un oficio muy lento y muy entretenido para alcanzar cotas de calidad y no está pagado como debiera. Eso me llevó en 1958 a explorar nuevos rumbos dentro mi s conocimientos y habilidades artísticas. En ese año ingresé en el departamento de publicidad de Coca-Cola, luego estuve trabajando para la empresa de José Vázquez Triguero, Valtri Decoración, donde se hacían muchas rotulaciones e incluso trabajos para la Feria Iberoamericana de Muestras que se montaba en la zona del Casino de la Exposición, en los que a veces contaba con Facundo Peláez. Luego estuve en Alemania cuatro años, de 1962 a 1966 dos años, de 1962 a 1964, primero trabajando en la Compañía Telefónica y de inmediato en la decoración, incluso me llevé a mi mujer. Pero un pequeño accidente de ella en una atracción de feria le hizo perder el hijo que esperábamos y nos volvimos a España.

¿Volvió a trabajar en la cerámica?

No, ingresé en Serigrafía Trillo, que estaba en la calle Fray Isidoro de Sevilla, pero siempre tenía la idea de montar mi propia empresa y ese día llegó en 1971, cuando empecé con Facundo Peláez a trabajar por las tardes en lo que fue la fábrica de ladrillos Pozo, en terrenos de La Cartuja. Empezamos a aplicar procedimientos mecánicos y serigrafía a la fabricación de cerámica artística, porque en esos años la competencia de las fábricas levantinas era muy fuerte y había que renovarse o morir. En 1974 nos independizamos los dos para fundar S´artef (que significa Soto-Arte-Facundo) en calle Camino Viejo de Tomares el Camino Viejo. Hoy la empresa la llevan mis dos hijos ( Manolo y Juan ) y el hijo de Facundo ( José Antonio ) los hijos de los dos, pues al morir Facundo en 1999 decidí retirarme.

Fotografía de los años cincuenta tomada en el patio del Colegio de los Salesianos de Triana, con motivo del descubrimiento de algún retablo. De izquierda a derecha: José León Rodríguez, Facundo Peláez Jaén,
 Gonzalo Fernández Olmedo, Luis Conradi (pintor paisajista), José Pericet (pintor de montería y renacimiento)
 y Manuel Soto Carretero. (por gentileza de  Manuel Soto Carretero)

Facundo significó mucho para Vd….

Como un hermano, siempre trabajamos juntos, y así siguen nuestros hijos, como una gran familia. Mi hija Rocío conserva en su casa una azulejo de la Virgen del Rocío que pintó Facundo para unos señores que tenían una casa en la aldea del Rocío, y al fallecer éstos sus herederos han tenido la gentileza de obsequiarnos con él, osea, ha vuelto al sitio de donde partió en los años cincuenta del pasado siglo.

En el taller tenemos colgado en sitio preferente el tiento y el pincel de Facundo, que hicimos con cabellos de nuestro compañero Fernando Rueda.

Sería muy duro sentimentalmente tener que introducir la mecanización a pintores de pincel…

Es que no podíamos hacer otra cosa. Incluso un día, recién establecidos por nuestra cuenta, fui a una gestión a Cerámica Santa Ana e invité a Antonio Kiernam a que visitara la empresa que habíamos montado Facundo y yo. Un poco receloso, admitió montarse en mi coche y fuimos a verla. Tras examinar la maquinaria, se sentó y emocionado nos dijo: sin perder vuestra raíces, ahora sé que podéis seguir adelante con dos c….. Poco tiempo después fallecería, en 1976.

De todos modos, nunca hemos abandonado la pintura de azulejos y retablos a mano. Mi última obra importante son los zócalos estilo renacimiento que le he dedicado a mi hija, así como numerosos murales heráldicos y con motivos florales.

Para terminar esta agradable visita a casa de Manuel Soto Carretero, que nos ha deleitado con sus recuerdos sobre la cerámica trianera, y contemplando el azulejo que recuerda a su esposa, Gracia Villegas Gómez (+ 2003), que tanto luchó por la rehabilitación de la Cerca Hermosa,  nos gustaría reproducir una frase plasmada en un azulejo que me enseña Manuel, y que resume toda una vida de dedicación a la cerámica: “La plenitud no está en lograr lo que anhelas, sino en valorar lo que tienes”.

Texto y fotografías: Martín Carlos Palomo García. Noviembre 2009.